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IoT y el ataque de las impresoras hackeadas

PUBLICADO O 20 DE ABRIL DE 2017 · (0)



BáRBARA ROMáN · CONSULTORA ESTRATéGICA DE TECNOLOGíA LEGAL


Si aún no te suena, quédate con esta abreviatura: IoT. Proviene de la expresión inglesa “Internet of Things” o internet de las cosas. Efectivamente son las cosas que tienen internet, muy de moda últimamente: escobas geolocalizadas, pañales que dicen cuando cambiar al bebé, robots que limpian la casa y mandan la información al móvil…

En esencia, el internet de las cosas hace referencia a todos los dispositivos domésticos o de uso personal conectados a internet y a cómo funcionan estos dispositivos; los ejemplos más claros son los smartphones y las tablets, pero comprende a todos esos dispositivos internetizados para satisfacer nuestras necesidades y que, en principio, hacen nuestra vida más cómoda. Pero debemos ser conscientes de la gran cantidad de información que almacenan y registran esos aparatos, información relativa a nuestro ocio (programas de televisión), nuestros viajes (localización GPS, reservas en hoteles o aviones, etc.), nuestra salud (pulsaciones, pasos por día, rutinas de ejercicio, enfermedades) o incluso nuestra intimidad (sí, hay aparatos sexuales conectados a internet).

Un usuario inocente podría llegar a creer que, en el fondo, resulta indiferente que “internet” conozca según qué cuestiones, como los programas que vemos, pero, a lo mejor, no nos hace tanta gracia que alguien sepa qué documento acabamos de imprimir, cuál es el balance de nuestra empresa, el saldo de nuestra cuenta corriente o los sueldos de nuestros empleados… Y sí, es relativamente sencillo acceder a esta información.

Es común que, en una oficina, los distintos puestos de trabajo se encuentren conectados a través de internet a una o varias impresoras multifunción, simplificando el proceso de impresión de la documentación. Al igual que cualquier otro dispositivo conectado a internet, las impresoras también son susceptibles de ser pirateadas y atacadas. No tienen mucha actividad, no se mueven por la oficina pero, no por ello, debemos creer que se trata de un dispositivo inofensivo, dada la gran cantidad de información que se almacena en ellas. Quizá un día llegues a la oficina y te encuentres a tus impresoras haciendo… ¡un robot! No es ciencia ficción, ha ocurrido ya, aunque la finalidad de ese ataque no era tanto provocar un daño o robar datos, sino advertir y poner de manifiesto la vulnerabilidad de las impresoras conectadas a internet.

En la última década se han producido importantes avances en el ámbito tecnológico; las empresas se están modernizando para poder seguir siendo competitivas y, si bien hace diez años el acceso a internet y el trabajo online no estaba generalizado, en la actualidad todo se realiza a través de la red de redes. La seguridad en las empresas es algo fundamental pero el concepto de medidas de seguridad se ha ampliado y ya no solo implica la instalación de elementos de vídeo-vigilancia, alarmas, personal de seguridad… sino que comprende también la mejora de la seguridad de los dispositivos electrónicos conectados a internet y que contengan información sensible de nuestro negocio.

Es recomendable que, cuando se incorpora un dispositivo electrónico, ya sea el router de acceso a internet, un nuevo portátil, tablet, impresora, etc. se modifique la configuración que viene por defecto, que las contraseñas sean seguras, no sean las mismas para todos los dispositivos, y que se cambien con frecuencia.

Permanentemente conectados a internet, a través del ordenador, del móvil y del internet de las cosas, no debemos olvidar tomar precauciones; del mismo modo que cerramos el coche cuando lo aparcamos, o la puerta de casa cuando salimos, debemos aprender a adoptar las necesarias medidas de precaución con nuestros dispositivos. Los ordenadores, impresoras, tabletas, smartphones… que utilizamos en nuestra empresa nos hacen ser más eficientes y competitivos y, en cierta manera, se han vuelto imprescindibles para el desarrollo de nuestra actividad. Por ello tenemos que configurarlos de manera segura. Así que… ¡cerrad la puerta de la impresora!



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