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Corrupción made in Spain

PUBLICADO O 02 DE XUñO DE 2017 · (0)



ERNESTO S. POMBO · PERIODISTA


Quienes tienen la responsabilidad de promocionar la marca España por todos los rincones del planeta, además del arte del toreo y del fandango, deberían de plantearse incorporar la corrupción como uno de los elementos promocionales de nuestro reino. Porque es imposible hallar en un país del primer mundo un saqueo similar al que se está sometiendo las instituciones españolas en los últimos años. Bien podría hacerse de esta forma tan peculiar de entender la gestión pública un elemento de atracción que sumar a los atractivos turísticos españoles. 

Los últimos casos de corrupción desvelados en nuestro país, a lo largo del mes de abril, han impregnado todas las capas de nuestra democracia. Dirigentes políticos, empresarios, jueces, fiscales, periodistas, secretarios de Estado, familiares y allegados de los corruptos han salido a la luz como parte imprescindible de las maniobras de pillaje llevadas a cabo. Nunca hasta ahora habíamos visto una colaboración y entendimiento tan estrechos entre todas las partes con la única finalidad de perfeccionar el sistema corrupto.

Un juez murciano compartiendo mesa y mantel con los compañeros del imputado; el fiscal jefe que incomodaba al investigado es relevado; otro juez alertando a Ignacio González de que está siendo investigado; un fiscal anticorrupción que entorpece y trata de impedir las investigaciones a corruptos; un secretario de Estado que recibe y atiende a un detenido; un empresario compi yogui con estrecha relación con la Casa Real que corrompe a cambio de obra pública y otro fiscal que cierra sin mayores explicaciones investigaciones abiertas, dan idea de la red de raterismo que envuelve nuestro sistema.

Y por si todo esto no fuera suficiente aparecen empresas de comunicación para cerrar el círculo. Y no una empresa ni un periodista cualquiera. El trabajo de amenazas y coacciones que no puede faltar en un buen guión de tintes mafiosos lo realizaban directivos de Atresmedia y uno de sus periodistas de cabecera. El presidente del diario La Razón, Mauricio Casals, con el consejero delegado Rodríguez Sobrino; pero, sobre todo, su director, Francisco Maruenda, que se ha convertido en uno de los azotes de cualquier tipo de malas prácticas y en defensor acérrimo de personajes de la categoría moral de Esperanza Aguirre, Ignacio González o Juan Antonio Sánchez. Marhuenda ha reconocido mantener una conversación intimidatoria sobre Cristina Cifuentes en la que, entre otras lindezas, calificó como zorra a su jefa de gabinete. Para las enciclopedias del periodismo queda la conversación entre el presidente del diario, Casals, y el ético director Marhuenda que le informa de que “mañana le damos otro viaje” o “ya nos hemos inventado una cosa para darle una leche”, dentro de una campaña orquestada contra la presidenta de la Comunidad de Madrid. Todo muy saludable para un profesional, un medio y un grupo de comunicación, que se jactan de pulcritud y deontología.

Pero el panorama no acaba ahí. Para rematar la idea de que la corrupción lo impregna casi todo en nuestra sociedad tenemos a un presidente de Gobierno que se sentará ante un tribunal para dar cuenta de la financiación irregular de su partido. Eso sí, lo hará como testigo, pero como testigo en la investigación de las maniobras corruptas del partido que preside y en el que lleva décadas desempeñando responsabilidades y lo hará como el primer presidente de nuestra democracia que se ve en tal situación. 

Para el ciudadano que cada mañana se levanta con la preocupación de poder llevar un salario a su casa resulta difícil, por no decir imposible, entender lo que acontece en nuestro país. E imposible de asimilar cómo se dejó llegar hasta aquí la situación cuando desde tiempo atrás los periódicos denunciaban lo que ahora las investigaciones judiciales nos descubren. El murciano José Antonio Sánchez o el madrileño Ignacio González hace años que protagonizan la parte más oscura de la gestión pública en los medios sin que nadie de su entorno se haya preocupado por conocer la realidad; más bien al contrario, con todo un regimiento de colegas saliendo en su defensa, en ocasiones, con frases que ya quedan para la historia como aquella tan recordada del presidente Rajoy de que esto no es una trama del PP, sino una trama contra el PP. Acertado análisis.

En el último barómetro del CIS la preocupación de los españoles por la corrupción se disparó siete puntos. Sin conocer los últimos y llamativos casos. Pero de todo hay que sacar provecho y España es un país con ingenio e iniciativa suficiente para hacer virtud de los vicios y maldades. Por eso habría que plantearse incorporar los desmanes de nuestros señoritos a la marca España. Corrupción made in Spain parece un buen reclamo. A ver si al menos los peatones sacamos algún provecho de esta lamentable maraña de saqueadores y mangantes.



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