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El nuevo Pilar Europeo de Derechos Sociales

PUBLICADO O 31 DE XULLO DE 2017 · (0)



FUNDACIóN GALICIA EUROPA · RUBéN RIVAS DE ROCA


La Unión Europea ha tenido desde sus inicios una dimensión social ligada a sus aspiraciones de integración económica. Los Tratados de Roma consagraron ya en 1957 la mejora de las condiciones de trabajo y el nivel de vida y la igualdad de género como objetivos. Sin embargo, en los últimos años –y especialmente a partir de 2008 con la crisis económica–, la austeridad ha marcado las políticas presupuestarias europeas trasladando lo social a un segundo plano. Además, en los Estados miembros de Europa Central y Oriental los ciudadanos aún tienen que hacer frente a las consecuencias de las rápidas transformaciones de sus sistemas productivos.

En este contexto, la Comisión adoptó en abril un nuevo Pilar Europeo de Derechos Sociales, que establece veinte principios y derechos esenciales que deben servir como marco de referencia mínimo para la política social y de empleo a escala continental. La UE dispone de herramientas limitadas, pero a la vez importantes en este ámbito –legislación para armonizar estándares básicos, orientación de políticas, financiación de programas y capacidad de fomentar el diálogo entre los interlocutores sociales–, de ahí que la Comisión presidida por Jean-Claude Juncker prometiera al inicio de su mandato en 2014 que recuperaría la dimensión social europea. El nuevo pilar fue incluido en el documento de reflexión sobre la Europa social que la Comisión publicó en abril de 2017, un mes después de lanzar el Libro Blanco sobre el futuro de Europa para incentivar el debate sobre la venidera UE a 27 Estados miembros. No es casualidad que la cuestión social acapare el primero de los cinco documentos que la Comisión emite para complementar el Libro Blanco. El texto reconoce que las realidades sociales en el continente difieren considerablemente de dónde se viva y se trabaje. Mientras Europa se recupera de la crisis económica, las divergencias entre países y regiones persisten, tanto en el nivel desempleo como en los sistemas de protección. Hasta ahora el mercado interior y los fondos europeos reducían la brecha de renta per capita, un sueño de convergencia que parece haberse esfumado.

La existencia de estas desigualdades ha llevado a desarrollar un nuevo pilar común europeo de derechos y a proponer vías de avance en el terreno social que combatan problemas como el envejecimiento demográfico o la precarización laboral. Frente a estos retos, la Unión apuesta por promover la igualdad de oportunidades a través de sinergias entre los modelos implantados en los Estados. Un ejemplo es la propuesta de una nueva directiva de conciliación de la vida laboral y familiar incluida por la Comisión en el pilar, que supondría cuatro meses adicionales de permiso retribuido para cuidar a los hijos, un salto cualitativo en aquellos países que no dan ninguna prestación económica al progenitor. 

De momento el recién estrenado pilar social fija unos principios mínimos como esta iniciativa para la conciliación e invita a reflexionar sobre cómo adaptar nuestros modelos de bienestar a los retos que afronta Europa. Es cierto que la ayuda social está en manos de los Estados miembros, mientras que el presupuesto de la UE sirve solo para apoyar acciones puntuales, pero el proceso de salida de Reino Unido –siempre reacio a estos temas– ha permitido activar esta agenda. No es tarde para que Europa recupere su dimensión social y se llene así de apoyo ciudadano.



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