Publicidade

Ourense Termal


Atrás · Actualidade · A guía de ECO · Subscrición · Contacto

Entre todos lo mataron

PUBLICADO O 31 DE XULLO DE 2017 · (0)



PEPE CASTRO · PERIODISTA


Daniéle Nouy, presidenta del Mecanismo Único de Supervisión –MUS– sostiene que la caída del Popular no fue debida sólo a un problema de liquidez, el banco tenía un problema grave de solvencia. El gobernador del Banco de España contradice esta versión y habló exclusivamente de un “un problema de liquidez”. Por su parte, el subgobernador, Javier Alonso, dijo el que el Popular tenía más activos para conseguir liquidez, que no presentó. Es decir, que sus dirigentes precipitaron la caída. ¿Cómo explicar estas divergencias entre personas tan notables? 

Sobre esta histórica entidad cada día aparecen más preguntas que respuestas y lo único cierto es que el Popular-Pastor ha muerto, lo han dejado morir o lo mataron entre todos por intereses que hasta ahora se nos escapan. 

Su muerte deja muchos damnificados en Galicia porque arrastra también la marca Banco Pastor. Los primeros son los accionistas, en torno a 300.000, que lo perdieron todo por fiarse de las informaciones de distintas fuentes, consideradas “oficiales y fiables”, que no se cansaron de decir que el banco era solvente.

Después están los trabajadores. La compra del Popular-Pastor traerá consigo el cierre de oficinas, unas por duplicidad con el Santander y otras porque el nuevo propietario las considera “poco rentables”. Con esos cierres vendrá el despido de cientos de trabajadores con la frialdad y facilidad que otorga la reforma laboral, muchos de los cuales invirtieron sus ahorros en acciones por “fidelidad” a la empresa y ahora se quedan sin su dinero y sin empleo. 

El tercer damnificado es Galicia que pierde lo poco que quedaba del Banco Pastor y tendrá que asumir los costes laborales y sociales causados por el “cierre selectivo” de oficinas que dejarán exclusión financiera en muchos concellos de la Galicia rural. La muerte segura de la Fundación Barrié, foco irradiador de cultura, es otro daño directo de esta desfeita. 

Hasta aquí los perjudicados. ¿Y los culpables? En el reparto de responsabilidades hay que señalar a los gestores que, para mayor indignación, se fueron con suculentas indemnizaciones. Les siguen los reguladores, que deberían velar para que el banco fuera solvente y rentable para los accionistas y los ahorradores, y son responsables también los auditores y el consejo de administración. 

¿A qué se dedicaron el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores? ¿Dónde estaba el Ministerio de Economía? ¿Para qué sirven los test de estrés? Otra más, ¿por qué hay que mantener tanto regulador cuya dejación o incompetencia  –llueve sobre mojado– vuelve a quedar en evidencia? No esperen respuestas, el sistema actual ya no funciona, necesita ser “reseteado”.  

Dice el presidente Feijóo que confía en la sensibilidad del Banco de Santander con Galicia y no desmantele la marca “Banco Pastor”, pero el mandatario sabe que confiar que el banco “comprador” sea sensible con esta tierra es lo mismo que esperar que el lobo acaricie a las ovejas en campo abierto. Por eso, los gallegos confiamos más en que el presidente saque “el manual” del buen gobernante para proteger al país del tsunami bancario que se avecina y proclame, alto y claro, que Galicia no es una reserva de almas rendidas.

El capitalismo tiene sus leyes y pide seguridades, pero los bancos operan en territorios, en este caso en Galicia, que tiene su dignidad y orgullo. Allá el Banco de Santander con lo que hace, pero debería saber que hay que ser respetuosos con esta tierra.



Comentar








Enviar

Comentarios (0)