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Galicia, Europa y Albor

PUBLICADO O 28 DE SETEMBRO DE 2017 · (0)



ELENA RAMALLO ·


Gerardo Fernández Albor, un hombre que dedicó gran parte de su vida al servicio público, ha cumplido años. Una charla con él es como asomarse a la historia de Europa con alguien que formó parte de ella. Resulta imposible no deleitarse escuchando los acontecimientos que marcaron su transcurso en el último siglo.

Recuerdo en una ocasión, cuando Otto de Habsburgo-Lorena, el hijo mayor del último emperador de Austria, recibió el nombramiento de Caballero de Honor de la Orden de Caballeros de María Pita. Asistí al acto. Albor y Otto hablaban distendidamente, en primera persona, de lo que los que estábamos allí habíamos leído en libros: la caída del telón de Acero, las protestas que acabaron con la caída del muro de Berlín, la oposición a la anexión de Austria al III Reich de Adolf Hitler, la creación de la Unión Paneuropea… Ambos habían trabajado intensamente en el Parlamento Europeo para construir la idea de una Europa unida.

Estos días los homenajes y los reportajes repasan todos los cargos de responsabilidad y las mil iniciativas emprendidas por el que fue el primer presidente del Gobierno gallego. Pero yo quiero traer a la memoria una anécdota, de hace casi 25 años que le ocurrió a una joven e inexperta conferenciante que daba su primera charla al lado del que había sido presidente de la Comisión Europea, creada para tratar la reunificación de Alemania, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores, vicepresidente de la Delegación América del Sur y Mercosur, y habiendo desempeñado muchas otras altas responsabilidades. Aquella joven, que tenía que hablar del concepto de Europa, tan lejano en aquel entonces para los españoles, era yo. Estar al lado del veterano y acreditado Gerardo Fernández Albor hablando de Europa, y encima teniendo 20 años, era como hacer de telonera de Bruce Springsteen siendo un vocalista aficionado, todo ello para hablar de lo que Europa quería construir. A aquella joven ilusionada le temblaban las manos, y el movimiento nervioso lo trasmitía al folio que releía incesantemente para no olvidar el contenido. Ante aquella escena y antes de comenzar, ya sentados ante el auditorio, Fernández Albor se acercó a mí y con un tono suave y tranquilizador me dijo: “Piense una cosa… los que nos van a escuchar no saben lo que usted tiene escrito, si se olvida de algo no pasará nada. Respire y hable despacio, ya verá cómo las ideas fluyen en su cabeza y, si es necesario ayudarla…estoy yo para socorrerla… algo de Europa se me ocurrirá para contar…”, y me sonrió.

La conferencia salió según lo previsto, pero aquella joven, que posteriormente dio muchas otras charlas,  no olvido nunca aquellas palabras que le dieron seguridad ante el auditorio. Después de aquel encuentro, que fue el primero y en el que conocí a Gerardo Fernández Albor, vinieron muchos otros y otras tantas charlas en las que el ex presidente de la Xunta siempre tenía como objetivo a los jóvenes, con la esperanza de continuar la construcción de una Europa abierta, humanista y con valores.

Con estas breves letras quiero, mi querido Albor, felicitarle en este cumpleaños tan especial y darle las gracias por aquella enseñanza que no he olvidado a día de hoy.



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