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El humor de los españoles

PUBLICADO O 03 DE OUTUBRO DE 2017 · (0)



PEPE CASTRO · PERIODISTA


Cuando el diplomático Enrique Sardá fue cesado de su cargo de cónsul en Washinton por burlarse de la presidenta andaluza en su cuenta de Facebook alegó en su defensa que el comentario era una broma y lamentaba que “se ha perdido el sentido del humor en España, que ya no es un país alegre y chistoso”.

Discrepo de este diagnóstico. Los españoles –y nosotros los gallegos– conservamos el sentido del humor, esa capacidad de edulcorar la dura realidad con grandes dosis de ingenio que es nuestro mecanismo de defensa para hacer más llevadera la vida diaria, sobre todo con la que está cayendo y con lo que se avecina.  

Una prueba del ingenio de los hijos de iberos y celtas está en las redes sociales, ese espacio de relación y diálogo abierto que algunos utilizan para verter enormes estupideces, como Enrique Sardá, pero para otros es como una plataforma que acoge sus manifestaciones de humor que acreditan su inventiva y creatividad cuando dejan volar la imaginación.

A lo largo de todo el año circularon por la red un montón de chascarrillos  y sentencias sobre las variadas situaciones y problemas de la vida cuotidiana, desde la corrupción, la educación, la sanidad y seguridad social, hasta críticas al poder, a los políticos, a las convenciones sociales o chistes sobre la vida en pareja. 

Pero al margen del humor con connotaciones político-laborales, el verano pasado hicieron fortuna una serie de “reflexiones” acordes con el ambiente de relajo vacacional. Como la de un pensador anónimo que escribió: “Oír un te quiero es bonito, pero escuchar ‘quieres otra caña’ es otro nivel, esa persona te ama”. O el cartel colgado en un bar: “No tenemos Wifi, pero hay cerveza que hace la comunicación más fácil”. O  este otro pensamiento burlesco: “Propongo la medalla del Congreso a la tortilla española, es lo único que tiene huevos”.

Otro internauta, que es fácil imaginar tumbado en la terraza de su casa, escribió: “Hay que ver las ganas que tengo de limpiar y lo bien que me las aguanto”, que complementa a esta otra reflexión: “Te pones a no hacer nada y es un no parar”

Muchos chascarrillos que inundan la red alcanzan la categoría de pensamientos profundos –a mí me da igual que la gente no piense como yo... A estas alturas me conformo con que piense”, escribió otro internauta–,  y podrían llevar la firma de Groucho Marx porque no desdicen de la sátira y de la fina ironía del genial humorista que, cuarenta años después de su muerte, sigue haciendo reír y, sobre todo, invita a pensar. Como invita a pensar la lucidez de un buen pensamiento si, además, arranca una sonrisa.

Lo importante es que no decaiga el humor porque lo vamos a necesitar en este otoño caliente con problemas tan severos como la amenaza secesionista de Cataluña, cuyo Parlamento, cuando escribo esta columna, está a punto de aprobar la Ley del Referendum, una consulta sobre la independencia de aquella comunidad que pretenden convocar al margen de la ley, del Estatuto y de la Constitución aprobada mayoritariamente por los españoles, incluidos los que viven en aquella comunidad.



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