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El turismo colaborativo en Galicia: ¿oportunidad o amenaza?

PUBLICADO O 05 DE OUTUBRO DE 2017 · (0)



MARíA CADAVAL · PROFESORA DE ECONOMíA APLICADA DA USC


Toca volver a la rutina. Cada vez son más los afortunados que han de pasar por el suplicio de superar el estrés postvacacional que afirman sufrir el 67,91 % de los viajeros españoles. El turismo se ha convertido en la principal industria nacional, el factor clave de la recuperación económica, que revela un crecimiento exponencial ayudado por factores endógenos y exógenos que se traducen en los datos: en 2016 llegaron más de 75 millones de visitantes internacionales, se dejaron lo equivalente a la cuarta parte de las divisas generadas por todas las exportaciones manufactureras y aportaron el 11 % del PIB, algo más de 110.000 millones de euros. Este año aún más, se espera que los turistas extranjeros sigan incrementándose a un ritmo del 6 % y superen los 80 millones, con su correspondiente aportación al crecimiento.

Galicia no es ajena a esta realidad. El turismo, después de una década perdida con una caída del 10 % de su volumen, ha recuperado su presencia en el PIB y aporta ya 11 de cada 100 euros de su riqueza, igualando el peso del 2008. Según los últimos datos publicados por Exceltur se consolida como uno de los motores de la economía, junto con el textil, la automoción y las manufacturas de consumo. Sin embargo, como viene siendo habitual en esta recuperación, los datos no arrojan un saldo tan positivo en el apartado laboral. El repunte de actividad aumentó la ocupación en algo más de un 5 %, incapaz de absorber los 22.500 puestos de trabajo perdidos durante la recesión. El cambio de modelo, la reestructuración de las empresas turísticas, la generalización de las redes sociales y la proliferación de las nuevas fórmulas de alojamiento han hecho lo propio para que el crecimiento del sector no se traslade en la misma manera al empleo. Pero fijémonos ahora en un fenómeno novedoso, el llamado turismo colaborativo o peer-to-peer (p2p) que en su vertiente de alojamiento y restauración tiene un gran efecto en el destino.

Las prácticas colaborativas han irrumpido con fuerza en el mercado gallego, donde los principales destinos urbanos: Santiago, A Coruña y Vigo, y alguno de playa en las Rías Altas y Bajas, tratan de dar respuesta a ese  nuevo perfil de viajero que busca a través de las plataformas digitales flexibilidad, inmediatez y buenos precios. Esta revolución, surgida en plena crisis económica en San Francisco, producto de un gesto mixto entre el altruismo y la subsistencia de dos individuos recién licenciados en busca de trabajo, se ha convertido en un fenómeno mundial que, se espera, aporte 1/3 de la oferta de alojamientos gallegos en el año 2020. ¿Y esto es positivo?

Lo que a priori parece una buena noticia por el aumento en el número de viajeros, debe llevarnos a reflexionar y a preguntarnos por sus oportunidades y amenazas. Hemos de ser conscientes que los alojamientos p2p suponen un cambio transversal y disruptivo en el modelo clásico, que muda los roles de los agentes implicados, con un empoderamiento del usuario y de la comunidad creada en la red, frente a lo existente. Compartir en lugar de poseer, poner en valor el concepto de propiedad activo empujado por un uso intensivo de las nuevas tecnologías y la adaptación a las demandas inmediatas de unos turistas conectados a sus dispositivos hacen de esto un reto permanente. Es evidente que no podemos ponernos delante del tren para pararlo, al contrario, hemos de subirnos a él para aprovechar sus ventajas, pero también paliar sus amenazas. Las principales se ceban con los establecimientos clásicos, que ven caer su demanda. También con los inquilinos de pisos en las almendras centrales de las ciudades más turísticas, que sufren el incremento en el precio de su alquiler o, directamente, la expulsión por un cambio de uso de los inmuebles hacia un modelo que mayoritariamente ha perdido su carácter altruista y se ha convertido en un gran negocio. 

La suma de esta y otras amenazas como la masificación han alimentado discursos que rozan la fobia al turista y la evidencia de que el maná de antaño ha dejado de ser incontestable. Los “guiris” ya no son recibidos siempre con los brazos abiertos y pueden ser vistos como invasores molestos o un enemigo a batir. Esto, que va en contra de toda lógica, requiere de acciones proactivas para salvar la gallina de los huevos de oro ahora que aún estamos a tiempo. No podemos renunciar a nada, pero hemos de tener un plan definido sobre el modelo de turismo que queremos, asumir las nuevas realidades, organizarlas y encajarlas dentro del sistema, al que también han de sumarse los establecimientos p2p que no pueden permanecer al margen de los controles de calidad, los requisitos de seguridad y las obligaciones sociales y tributarias, al igual que los clásicos. Solo así la convivencia con el paradigma colaborativo será pacífica.



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