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¿Qué queda de los incendios?

PUBLICADO O 01 DE DECEMBRO DE 2017 · (0)



PEPE CASTRO · PERIODISTA


Queda el recuerdo de las víctimas, la imagen del campesino que deambula con sus vacas buscando pastos en la nada de los montes abrasados y los rostros de otros compatriotas abatidos que cuentan historias espeluznantes.

Impresiona el lacónico relato de Xosé García, de A Cañiza, 89 años: “perdín toda a miña vida”. O el de Hortensia delante de su casa quemada: “Ardeu todo…, eu non puiden pagar o seguro, teño unha invalidez, ningunha paga, ando por aí tirada polas feiras a vender uns grelos para tirar adiante”. O el de Marcelino, al que el fuego le llevó todos sus recuerdos: fotos, relojes, anillos..., todo lo conseguido después de trabajar 20 años en Francia.

El aserradero de Nelson Alonso en As Neves quedó reducido a ceniza y allí están sepultados 24 empleos directos y 20 indirectos, “el trabajo de toda mi vida, el de mis hijos y de muchas familias”. A Miguel Gómez, joven ganadero de Maceda, el fuego le quemó los pastos y los silos en los que guardaba el sustento de invierno de sus vacas. “Agora non sei de onde sacarei alimento”.

Es una pequeña muestra de los miles de perjudicados. Todos ellos y nuestro paisaje de ensueño calcinado aquel 15 de octubre agrandan la tragedia causada por el fuego que destruyó vidas y casas, naves y talleres, pastos y granjas, los hogares y el sostén económico de tantas familias.

Me pregunto qué pensarían Hortensia, Marcelino, Nelson, Miguel y demás víctimas al constatar la poca coordinación entre las administraciones y el operativo de extinción y, sobre todo, al ver como los “padres de la patria” gallega se zurraban la badana en el Parlamento tratando de sacar un puñado de votos. Es legítimo pedir responsabilidades al Gobierno de turno, pero es obligado aportar alguna idea para solucionar los problemas que se debaten.

Pero aunque parezca quijotesco decirlo, los incendios que causaron tanta desgracia dejaron algo positivo que infunde un poco de esperanza contra este maleficio que se cebó con Galicia. Además de la ola de solidaridad de tantos héroes anónimos –“había que axudar, moita xente estaba en perigo”–, algo se mueve en todas las administraciones que, sabedoras de que después del tsunami abrasador nada puede ser igual, trabajan en la dirección de coordinar respuestas a los incendios.

Por su parte, el Gobierno reaccionó rápidamente aprobando un plan de ayudas a las familias de los fallecidos y a los que perdieron viviendas y establecimientos agrícolas, comerciales e industriales.

Algo se mueve también en la política gallega. El portavoz del PSdeG proponía unos días después “un gran pacto por la transformación de la política forestal y del plan contra incendios para que pueda empezar a solucionarse este problema de país”, un buen punto de partida para buscar soluciones conjuntamente para que catástrofes como esta no se vuelvan a repetir. Solo falta que el presidente coja el testigo.

Si PSdeG y PP abren el camino del diálogo, suman a los otros partidos y escuchan a los técnicos y a los propietarios, están poniendo los cimientos para que en esta Galicia quemada vuelva a nacer la hierba y la esperanza de dejar a las próximas generaciones un monte reordenado y productivo. Que nunca olviden que el fuego, hasta ahora invencible, sólo se derrota con las ideas y colaboración de todos.



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