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Partida de ajedrez

PUBLICADO O 18 DE DECEMBRO DE 2017 · (0)



ERNESTO S. POMBO · PERIODISTA


Lo de la revolución burguesa de Cataluña se parece cada día más a una partida de ajedrez en la que los jugadores utilizan todo cuanto tienen a su alcance para despistar al contrario, mientras cavilan su estrategia. Hasta ahora la partida ha discurrido por unos cauces que no han hecho más que despistar a los que asistimos como meros espectadores. Pero lo preocupante, lo más lamentable de todo este embrollo, es que parece que ni los mismos que trazan la estrategia y tienen en sus manos las piezas, estén muy al tanto de lo ocurre y mucho menos prevén lo que puede acontecer mañana por la mañana.

Porque cada día el escenario es diferente. Mariano Rajoy nunca creyó que Puigdemont fuese capaz de llegar hasta donde llegó declarando la independencia catalana y el president jamás concibió verse errante por Bruselas adelante, estrategia que, según parece, trazó a última hora y a la vista de los acontecimientos. Pero hay más. Mariano Rajoy, y dicen que lo confiesa a los más íntimos, desconoce lo que puede ocurrir de aquí al 21-D e incluso a partir de ese día, y Puigdemont varía sus planes en función de por dónde salga el sol cada mañana.

Llamar payasada a cuanto acontece en Cataluña es ser demasiado condescendiente. Incluso quienes creemos que los independentistas están en su derecho de reclamar ese país de ensueño, riqueza y vírgenes por doquier, rechazamos sin paliativos lo que el Govern y el Parlament hicieron desde el 6 de septiembre hasta ahora mismo. Es difícil hacer peor las cosas. Es imposible ser tan torpe y afrontar situación y decisiones más chuscas. Saltarse sus propias reglas, pasarse por el forro las normas de convivencia y basar todo su discurso en la mentira solo lo puede hacer un descerebrado. Y, por lo visto, en Cataluña, en las últimas semanas hay bastantes más.

Gran parte de España tiene ahora mismo puestos los ojos en el 21-D, esas elecciones que convocó Rajoy y en las que los independentistas de ERC y la CUP no iban a participar porque no son legítimas y ahora corren que se las pelan. Pues la esperanza está puesta en esos comicios. Y, sin embargo, a nada que se analicen los posibles resultados, entenderemos que poco o nada van a solucionar. Las encuestas dicen que, escaño arriba o abajo, las fuerzas están igualadas. Es decir, que en función de lo que ocurra el día anterior por la noche, puede ganar el bloque soberanista o el constitucionalista. Si gana el primero, que lleva la declaración de independencia en su programa, como ya lo llevó en las últimas, ¿qué se hace? ¿se sigue aplicando el 155 hasta el aburrimiento?, ¿se sigue manteniendo a más de 15.000 agentes del orden en “Piolines”? Y, en caso contrario, si los constitucionalistas logran formar el Govern, ¿qué política van a seguir hacia la mitad de la población que no los apoyó y que, sin ninguna duda, va a optar por la presión en la calle?

Parece mentira, pero la partida de ajedrez ha sido un desastre desde el primer momento. Ha sido un error seguir jugando y llegar hasta donde estamos sin haber reflexionado sobre otras opciones. Ni Rajoy ni Puigdemont son buenos ajedrecistas, que sería lo menos malo si fueran buenos políticos, pese a empeñarse en seguir ante el tablero convencidos de que al final serán capaces de dar el jaque mate. Y quienes presenciamos el rifirrafe desde la distancia tememos que en algún momento, alguno de los dos, haga saltar el tablero y las piezas por los aires. Porque esa es una posibilidad que está ahí. No lo olvidemos.



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