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La realidad era otra

PUBLICADO O 02 DE XULLO DE 2018 · (0)



ERNESTO S. POMBO · PERIODISTA


Aún no bien había abandonado Mariano Rajoy la sede de Génova 13 y empezaron a saltar chispas. Para cuando llegó a Santa Pola, que tampoco tardó tanto, el fuego se había extendido y el incendio era visible desde todos los puntos del país. Gran parte del siniestro lo atizó Núñez Feijóo con su negativa en el último momento de no participar en la sucesión del ex presidente Rajoy cuando todas las miradas y apuestas se dirigían hacia él. La retirada del presidente gallego no hizo más que azuzar un fuego que permanecía encubierto.

Desde que el mismo momento en que se inició el proceso de sucesión en el PP comenzaron las zancadillas, las descalificaciones, las luchas, las venganzas y las dudas sobre la limpieza del proceso. Sin cortarse. Sáenz de Santaría contra Cospedal; García Margallo contra Sáenz de Santamaría; Cospedal contra Pablo Casado y Pablo Casado contra el propio partido al señalar que le boicoteaban desde dentro y denunciar zancadillas y presiones. Eso por hablar de los que cuentan con más opciones de ser elegidos y sin detenernos en García Margallo quien después de definirse como “una especie de Donald Trump pero en demócrata", consideró que encomendar a sus rivales, Sáenz de Santamaría y Cospedal, las reformas del partido sería "como encargar al papa Borgia una encíclica sobre la castidad”. Humor no le falta.

Ha sido un ir y venir de juego sucio en el todos tomaron parte. Porque, por lo que acabamos de descubrir, el PP no era un partido tan bien avenido, ni mucho menos una familia como nos aseguraron durante años. Por no ser no era, y también nos lo acaban de revelar, el partido con mayor militancia de Europa, porque resultó que los 869.535 afiliados que decía tener que han visto reducidos a 66.706, que formalizaron su derecho al voto y que siendo muy, pero muy generosos hace pensar que la militancia no va más allá de los 80.000 o, como mucho, se aproxime a los 100.000.

La huída de Rajoy a Santa Pola ha puesto al descubierto un partido dividido y con demasiadas cuentas pendientes. Gracias a este proceso pudimos saber de las deslealtades y traiciones de Soraya Sáenz de Santamaría con sus reiterados intentos por suceder a Rajoy, hasta en tres ocasiones y que hizo que el expresidente adoptase algunas “medidas correctoras” como quitarle la portavocía del Gobierno y enviarla a solucionar el problema catalán. La última el mismo día de la moción de censura.

Pero la intrigante exvicepresidenta no cejó en su empeño y a ella se le responsabiliza, en gran medida, del paso atrás de Núñez Feijóo porque según se dice por Génova 13, existió una amenaza de hacer públicas algunas de las investigaciones del CNI, a cuyo frente estuvo, al presidente gallego. Tal es así que se vio obligada a rechazar cualquier relación con supuestos dossieres sobre rivales políticos lanzando un mensaje “a los de las teorías de las conspiraciones”: “A Kennedy no lo maté yo”, dijo. Pero algo debe de haber cuando, eso sí muy livianamente, Feijóo se inclinó por Cospedal frente a la candidata intrigante que en su visita a Galicia aseguró: “Quiero ser Soraya, ser del PP y ganar como gana Baltar”. Nada menos.

Tampoco los otros aspirantes pueden presumir de incólumes. Dolores de Cospedal afronta las primarias con una sentencia pendiente sobre su llegada a la presidencia regional popular por la gestión de avales en el último congreso. Y Pablo Casado, vive pendiente de que se aclare el máster que cursó en la Universidad Rey Juan Carlos, el mismo que se le dio a Cristina Cifuentes, y que sacó con solo cuatro trabajos. La propia Universidad se saltó los plazos para convalidar el máster y ahora asegura no encontrar el reglamento.

Lo cierto es que sea cual sea el resultado de las primarias, dirigentes del partido vaticinan que no va a resultar nada fácil recomponer los rotos que ha sufrido en los últimos años y que quedan al descubierto. La familia tan bien avenida, el partido más compacto, el de una militancia más numerosa; el que iba a realizar una transición ejemplar, ha dejado sus vergüenzas al descubierto. Y eso acaba pagándose.



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