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Rajoy vuelve a su profesión

PUBLICADO O 31 DE XULLO DE 2018 · (0)



PEPE CASTRO · PERIODISTA


Escribo este comentario el miércoles 20 de junio después de constatar esta mañana que los periódicos, que cuentan la historia continuada de nuestra cultura entendida en su más amplio significado, vienen densos, llenos de información y opiniones sobre numerosos asuntos de rabiosa actualidad.

Casi todos publicaban la imagen de los Reyes en la Casa Blanca, informaban sobre “las primarias del PP” y la presentación de candidaturas, con Cospedal y Sáenz de Santamaría como estrellas, se comentaba la renuncia de Feijóo a competir por la presidencia de ese partido, que en Madrid no entendieron, los ecos del “Aquarius”, las contradicciones y la retórica gestual de Sánchez que promete hacer de España el país de las maravillas de Alicia…

Pero ninguna de esas noticias, con ser importantes, concitó especialmente mi interés por ser como aquellos discos que, de tanto escuchar, acababan rayados. La noticia que a mí me pareció importante ese día aparecía como un suelto perdido en páginas interiores bajo el título “Rajoy se incorpora este miércoles a su puesto como registrador en Santa Pola”, que, por cierto, no fue la más comentada en tertulias y análisis.

Vaya por delante que nunca hablé con el ex presidente, pero en política las formas cuentan y el final de su carrera política y su vuelta a la vida civil me parecen relevantes. Primero porque, perdida la moción de censura, se fue de La Moncloa, abrió el proceso de sucesión del partido sin intervencionismo alguno y dejó su escaño.

Más relevante aún es su renuncia al puesto cómodo y sueldo generoso en el Consejo de Estado, aforamiento incluido, y a otras prebendas, y su reingreso en el cuerpo de registradores donde tenía su puesto de trabajo ganado por oposición a los 24 años. Una  lección de dignidad y elegancia bien distinta a lo que hicieron otros ex presidentes que debería ser aprendida por todos los que fustigaron a la “casta” con tanta fiereza.

Este comportamiento de “una persona normal” me da pie para dos reflexiones. La primera, que el señor Rajoy ejerció la política porque se sentía atraído por ese oficio, que desempeñó sin servidumbres ni obligadas reverencias al mando porque tenía a donde volver. Antes había cotizado a la Seguridad Social y concluida esa etapa “me retiro de la vida política, vuelvo a donde estaba”, a su puesto de registrador, donde va a seguir trabajando.

Ahora ocurre –segunda reflexión– que al Congreso, a los parlamentos regionales, incluido el Parlamento gallego, y a otros puestos políticos llegan personas que  empezaron su carrera en las formaciones juveniles de los partidos y nunca trabajaron en una empresa. Profesionalmente, no tienen a donde volver y toda su vida está marcada por la lealtad al que manda –en muchos casos también sin profesión–, que es lo que le garantiza el puesto de trabajo político que les da de comer.

Si algún día se reforma la ley electoral, deberían limitar los mandatos de todos los cargos a dos legislaturas, sobre todo de los “sin oficio”, porque la mediocridad tiende a perpetuarse y hay que evitar que el Congreso, las autonomías y los ayuntamientos, y otros puestos estén ocupados por profesionales de la política que sobresalen más por su lealtad al líder y al partido que por su capacitación para las tareas legislativas y de gobierno. España necesita menos políticos profesionales y más profesionales que quieran ejercer el oficio de la política. La calidad de la política depende de su ejercicio sin servidumbres ni lealtades obligadas a los líderes.



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