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Alcoa, la mimada

PUBLICADO O 09 DE NOVEMBRO DE 2018 · (0)



ERNESTO S. POMBO · PERIODISTA


El cierre de las plantas de A Coruña y Avilés de la multinacional Alcoa, parece inevitable. Caben pocas posibilidades de que esta vez se produzca una marcha atrás. Tras infinidad de chantajes y amenazas, la decisión parece tomada y más de 700 familias están abocadas al sufrimiento. Eso sí; de momento mantiene abierta la factoría de San Cibrao; de momento, porque según cuentan es rentable. De momento.

Y es que ahora ya no se habla de la tarifa eléctrica ni de una negociación a la baja en el precio de la energía. Se habla directamente de falta de competitividad y de una tecnología obsoleta en las plantas abocadas al cierre. Se habla de que ninguna de las que permanecen abiertas en diez países y dan trabajo a más de 14.000 personas ofrezcan números rojos. Porque Alcoa Corporation, líder mundial en la producción de aluminio primario, fabricación de aluminio y alúmina, no está acostumbrada, al menos en España, a sufrir, y siempre que se aproximó a pérdidas tuvo la ayuda y el respaldo, en forma de inyección económica, de las instituciones públicas. Fue la empresa mimada de nuestra economía.

Desde que las factorías que hoy están bajo la responsabilidad de Alcoa abandonaron la protección de Inespal (Instituto Español del Aluminio), de la SEPI, para que el Gobierno de José María Aznar recibiese, como intercambio de acciones, 61.500 millones de las antiguas pesetas para que pudiese decir en Europa que cumplíamos los requisitos exigidos para entrar en el euro, las plantas han sobrevivido a sobresaltos. Y eso que ya entonces la empresa se comprometía a invertir otros 65.000 millones de pesetas en mejoras y el Estado se haría cargo del 35 % de la deuda, poniendo sobre la mesa 23.000 millones de pesetas de los 61.500 del coste de la operación. Por si esto no fuera suficiente, Alcoa recibiría una cantidad fija por el servicio de interrumpibilidad. Como contraprestación, los norteamericanos nunca presentaron un plan industrial y se desprendieron de cinco de las ocho factoría existentes en España, por las que ingresaron otros cientos de millones de euros.

Pero el mimo con el que se trató a la multinacional no quedó ahí. En los últimos diez años la empresa recibió más de 1.000 millones, algo así como 166.000 millones de las antiguas pesetas, casi tres veces el coste de las plantas, para ayudas a la tarifa eléctrica. Y ello sin que a cambio presentase un plan de mejoras de las instalaciones o un compromiso de permanencia. Se le entregó dinero público a manos llenas a cambio de nada. Siempre que surgía una amenaza. Y las instituciones, una y otra vez, se mostraron felices y contentas de mantener una situación ficticia, aun siendo conscientes de que antes o después los chantajistas acaban imponiéndose.

El mimo con el que se trató a Alcoa en España ha servido para poco. Los cientos de millones inyectados cada vez que recurría al chantaje no han calmado sus ansias de mejorar los beneficios. Y es que el nuestro es un país que subvenciona con demasiada alegría. Subvencionamos las compañías aéreas, la industria del motor, la de la moda, los operadores telefónicos y hasta la fiesta del pomelo. Y lo hacemos sin exigencia de compromiso alguno. No parece descabellado pensar que si la corporación americana del aluminio recibió 1.000 millones de euros en los últimos diez años, a cambio hubiese tenido que presentar un plan, además de hacer frente al aumento del precio de la energía, para venir renovando sus procesos de producción y situarlos en un nivel competitivo. Es lo mínimo que las administraciones españolas que les entregaron nuestros ahorros, debían de haberle exigido.

Ahora todo son lamentos. Pero lo que nadie reconoce es que Alcoa Corporation ha sido la gran mimada de la industria española. Total, para nada. Y que alguien la estuvo mimando.



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