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Aeropuertos sin aviones y puertos sin contenedores

PUBLICADO O 26 DE DECEMBRO DE 2018 · (0)



MARíA CADAVAL · PROFESORA DE ECONOMíA APLICADA DA USC


Una década perdida en la economía de Galicia parece conformarse ahora con un reencuentro con su crecimiento en términos de PIB, no así en el nivel de empleo del año 2007. Una parte importante de esta recuperación se debe al comercio exterior que suplió, en parte, la caída de la demanda interna en los peores años de la recesión. Esta evidencia y el cambio del epicentro de los intercambios mundiales no son razones suficientes para que los agentes públicos y privados tomen conciencia de su importancia en la planificación estratégica futura.

El futuro pasa –de ida o de vuelta– por China. La comunicación con este gigante comercial será fundamental para estar posicionados y poder competir a escala multinacional. ¿Galicia lo está? La comunidad –situada en el extremo del sudoeste europeo– es vista muchas veces como periférica, pero eso solo es cierto si se obvia su posición estratégica desde el mar o el aire, mucho más si se considera en conjunto con el norte de Portugal –la Eurorregión–, o la Macrorregión del Sudeste Europeo (Resoe). Estos territorios, que durante años han preferido mirarse de reojo y huir de cualquier proyecto común, han pasado por alto que tienen una población conjunta superior a la de Irlanda, Dinamarca, Finlandia o Eslovaquia y una extensión mayor a la de Dinamarca, Bélgica o los Países Bajos.

Los datos positivos de crecimiento para Galicia podrían hacer creer que la cooperación no es necesaria y tentar la búsqueda de una posición estratégica individualista con respecto al resto del mundo, pero esto no es así. La métrica del crecimiento descrito es débil, el mercado laboral está herido por un desempleo estructural muy elevado y la población activa es decreciente, lo que junto con una escasa atracción de inversión extranjera y aderezado con un esquema productivo de pymes, lo hacen vulnerable a largo plazo.

La falta de estrategia y visión de la Euro o Macrorregión se hace más grave en términos de infraestructuras y servicios por tierra, mar y aire. El papel de las grandes infraestructuras en el crecimiento económico no es susceptible de discusión. Los puertos y aeropuertos son grandes generadores de puestos de trabajo directo, foco de atracción para empresas de alto valor añadido y un input productivo básico para una de las industrias con mayor peso en el PIB: el turismo. Esta aportación al crecimiento se traslada especialmente a las economías del área o región donde se instalan. Si no hay duda de esto, ¿cómo es posible que existan tres aeropuertos en Galicia y un cuarto en Oporto con seis millones de usuarios potenciales y sin ningún tipo de complementariedad? ¿O cómo explicar que antes de acometer las inversiones multimillonarias en los puertos exteriores que se han hecho en los últimos años ninguno sea líder en el transporte de mercancías –léase contenedores–? Hoy en día más de las tres cuartas partes del comercio mundial se mueve por vía marítima, pero Galicia ha ido paulatinamente perdiendo peso en las principales rutas mundiales de contenedores, sencillamente porque no está preparada, sus infraestructuras se han quedado obsoletas incluso antes de inaugurarse, pues no tienen capacidad para acoger a los buques de más de 20.000 teus, razón añadida para que Barcelona, Valencia o Algeciras acaparen cada vez más tráfico marítimo, más aún después de inaugurada la tercera esclusa del Canal de Panamá.

Esta falta de visión conjunta se acentúa en el caso aeroportuario. Los tres aeropuertos compiten torpemente entre ellos, sus vuelos se solapan y los alcaldes hacen esfuerzos presupuestarios ingentes para financiar a las aerolíneas que estén dispuestas a volar desde su ciudad, celebrando cada uno como un logro, sin darse cuenta que, una vez más la cooperación sería mucho más inteligente que una competencia artificial, porque el resultado real es que esta estrategia ha convertido a Sá Carneiro de Oporto en el principal aeropuerto de Galicia.

Llegados a este punto solo queda preguntarse, ¿por qué? y ¿qué hubiera ocurrido si se hubiera promovido el mismo nivel de recursos a la I+D+i que se han “enterrado” en aeropuertos sin aviones y puertos sin contenedores? Probablemente estaríamos hablando de un salto cualitativo importante en la economía, capaz de cambiar el modelo productivo en aras de una mayor competitividad. Pero nunca es tarde para corregir los desajustes descritos y correr más que los demás para alcanzar la convergencia europea, tratando de compensar la mal vista periferia de la región galaico-portuguesa, agudizada por el avance al este de la Unión Europea.

Ahora se abre una nueva oportunidad para hacerse con Fondos adicionales en la negociación del presupuesto europeo para el período 2021-2027, pero la oportunidad volverá a estar perdida si no se tiene en cuenta esto y el único fin es inaugurar infraestructuras sin una estrategia de PAÍS, que ponga la centralidad de la Eurorregión en el mapa. Los dos finisterraes están en condiciones de ponerse en valor y tornarse en el epicentro del comercio mundial. No será fácil, pero el verdadero heroísmo es el que consigue cambiar los deseos en realidades y las ideas en hechos, como decía Castelao. Ahora o nunca.



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