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Es difícil entender a Europa

PUBLICADO O 02 DE MAIO DE 2019 · (0)



PEPE CASTRO · PERIODISTA


La revista The Economist publicó recientemente el “Democracy Index 2018” y mantiene un año más a España como “democracia plena” en el puesto 19 entre 165 países con la calificación de 8,08 sobre 10. España consigue puntuaciones sobresalientes en proceso electoral, pluralismo político y libertades civiles, mientras que las notas de cultura y participación política, y funcionamiento del gobierno se sitúan en el notable alto. La democracia española supera en calidad a la de países como Francia, Bélgica, Italia y Portugal, y es el quinto mejor país del G-20, sólo por detrás de Canadá, Australia, Alemania y Reino Unido.

No está mal. La clasificación de The Economist, publicación inglesa que goza de predicamento mediático, es reconfortante porque indica cómo nos ven desde el exterior. Que incluya entre las democracias plenas a España desmonta los falsos relatos e infundios vertidos contra el modelo democrático español por populistas y, sobre todo, por los secesionistas catalanes que lidera el prófugo Puigdemont desde Bélgica.

Sin duda, esos ataques para desprestigiar la democracia, sobre todo a la justicia, fueron intensos durante el juicio a los independentistas que violaron la ley, que se celebró en el Tribunal Supremo. De hecho, la alcaldesa de Barcelona envió varias cartas a líderes europeos para sembrar dudas sobre el proceso judicial y se equivocó porque se desarrolló con garantías plenas.

Por el contrario, la clasificación de The Economist no representa sorpresa alguna para los españoles sensatos y objetivos, que son la mayoría, que saben que viven en un país constitucional y moderno, y constatan empíricamente que votan en libertad, pueden expresarse libremente, perciben la división de poderes y viven amparados por la fortaleza de las instituciones del Estado.

La democracia de calidad que certifica el semanario británico tiene más mérito porque España construyó desde la oscuridad del fascismo, dice Bernard-Henri Lévy, un singular Estado-nación y añade “no estar seguro de que Europa haya asumido hasta qué punto la gesta de España debe ser apreciada, protegida y alabada”.

El filósofo francés constata esa frialdad de Europa hacia España, uno de sus socios fieles, por “la forma en que Carles Puigdemont ha sido bienvenido en su huida. La forma en que hemos aceptado esta comedia, esta provocación, en Bélgica o en Alemania es bastante injusta para España. Sé que muchos ciudadanos europeos piensan como yo...”.

Y lo piensan la mayoría de los españoles que no entienden como Europa acoge a fugitivos como Puigdemont. Es imposible entender que un huido de la justicia que atentó contra la democracia acreditada de un país miembro encuentre refugio y altavoces en la vieja y democrática Europapara desacreditar sistemáticamente la democracia española. ¿Cómo se puede combatir el populismo y los nacionalismos supremacistas y excluyentes desde Europa acogiendo en su seno a un fugitivo-prófugo que vive instalado en la mentira, en la demagogia, en la calumnia y en las fake news, y es un personaje de comedia?

Que nadie se extrañe que los españoles estemos profundamente defraudados porque esa Europa tan democrática no haya apoyado con energía a España frente al independentismo que encarna Puigdemont.



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