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Núñez Feijóo se rebota

PUBLICADO O 06 DE MAIO DE 2019 · (0)



ERNESTO S. POMBO · PERIODISTA


No pudo o no quiso evitar Alberto Núñez Feijóo el gesto severo y de enojo, cuando tras conocer el descalabro del PP en los comicios del 28-A exigió la necesidad de ensanchar el partido. Al tiempo, recriminaba el giro a la derecha propiciado por su líder nacional Pablo Casado, al que instó a dar cabida incluso al centro izquierda. El PP “siempre ha sido un punto de encuentro entre muchas sensibilidades” de gente “que es más de derechas, más liberal, más conservadora, más de centro, más reformista” y “más de centro izquierda”, aseguró Feijóo.

La irritación del presidente gallego era evidente. Quizás porque llovía sobre mojado. Antes y durante la campaña dejó oír su voz alertando de los peligros de derechización del proyecto popular, pidiendo un giro al centro. Cuentan allegados suyos que incluso le envió varios “mensajes” sin intermediarios en los que le advertía del error que estaba cometiendo. Pero Casado, guiado y jaleado por José María Aznar y convencido de su estrategia, no cedió un ápice. Ofreció al electorado un discurso extremista, pactó con Vox en Andalucía, se fotografió orgulloso en Colón y hasta ofreció a Santiago Abascal integrarse en el Gobierno, solo dos días antes de las elecciones. La estrategia del inexperto líder popular, que no pudo ser más desacertada, acabó en un fiasco. Los peores resultados de la historia. Algo que ya vaticinaban otros líderes territoriales, y no solo Feijóo.

Porque la debacle popular en Galicia es de las que marcan época. Aunque en la provincia de Ourense obtuvo los mejores resultados de toda España, la capital fue la segunda con más apoyo a los socialistas. Lugo, feudo tradicional del PP, alcanzó mínimos históricos. En Pontevedra los socialistas vencieron por primera vez y simbolizan el fin de una época y también en A Coruña, superaron en votos a los populares. En definitiva, el PSOE le ganó 105 municipios al PP que obtiene unos resultados tremendamente preocupantes.

Y conocedor del panorama gallego, tras sus numerosas experiencias electorales, y aplicando la lectura al resto del territorio, Feijóo se consideró autorizado para reconvertir y advertir a Casado que ese no era el camino. Fue entonces cuando habló abiertamente de errores de estrategia y de posicionamiento político”, asegurando que se han hecho las cosas mal, que se han equivocado y que sus “giros no han sido los adecuados”. Dijo también haber hablado con Pablo Casado, y sin querer hacer más sangre, porque en solo días habrá otra consulta, aseguró que “no hemos sabido explicar que votar a Vox era la garantía de éxito para un gobierno de socialistas con el populismo. No hemos sido claros, didácticos, hemos tenido discursos contradictorios. Era la primera vez que nos enfrentábamos a este supuesto (división de voto) y no lo hemos hecho bien”. Pero tampoco desaprovechó la ocasión para recordarle al líder nacional que en Galicia, Vox obtuvo 85.000 votos que no le reportaron ningún diputado. Feijóo fue más allá y frente a la línea oficial de culpar de los resultados a las políticas de Rajoy, aseguró que “decir que es responsabilidad de un equipo que sacó el doble de escaños que el equipo actual me parece que es una conclusión un poco desproporcionada”.

No es casualidad que el derrotado líder suspendiese su descanso postelectoral para trasladarse a Galicia a participar en una fiesta de los populares. No era un acto relevante en el que su presencia resultase imprescindible. Pero estuvo. Por dos motivos: para buscar el apoyo público del presidente gallego que le permita tomar aliento, como antes hizo hasta en dos ocasiones con Mariano Rajoy. Y, sobre todo, para solicitar su perdón y darles las explicaciones necesarias por su política de error tras error. Porque el rebote de Feijóo llegaba más allá de Cabo Verde.



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