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Franco no es El Cid

PUBLICADO O 11 DE NOVEMBRO DE 2019 · (0)



ERNESTO S. POMBO · PERIODISTA


Los libros de historia, aquellos que estudiamos cuando estudiábamos, nos contaban que El Cid ganó una batalla después de muerto. En Valencia, en 1099, cuando aún no había cumplido 56 años, y tras ser herido de muerte pidió que embalsamaran su cuerpo para que cabalgara sobre Babieca en la siguiente batalla. Los mismos libros cuentan que la estrategia dio resultado porque al verlo, las tropas árabes huyeron despavoridas.

Al presidente Sánchez debió de impresionarle sobremanera la hazaña histórica recogida por los libros de texto porque quiso recuperarla casi un milenio después. Puso todo su empeño y fio su futuro político a otro muerto. Al dictador Franco. Creyó Sánchez que la exhumación de sus restos y el traslado al panteón familiar iba a permitirle obtener un resultado electoral exitoso.

Pero, a decir de las encuestas y por lo que el sentido común nos dicta, el episodio no va a otorgar grandes ventajas al presidente. Probablemente unos cuantos cientos de votos y pare de contar. Porque los ecos de la exhumación se han diluido antes de lo que podría pensarse, y a día de hoy ya nadie se acuerda de la salida de Cuelgamuros de un cadáver que debió de abandonar el lugar hace al menos 44 años.

Pedro Sánchez se empeñó en repetir la consulta electoral, crecido porque el panorama le era favorable y lo iba a ser aun más con el paso de las semanas. Gran error. De él y de todos sus asesores. Fueron incapaces de ver lo que los demás vimos. Que a medida que pasaran los días, la fuerza socialista se iba a ir diluyendo por las amenazas que se cernían sobre la política española. De forma especial, el descrédito de la clase política, la sentencia del procés, el Brexit y el aumento de la abstención como rechazo a la nueva convocatoria. Y algo con lo que, hay que reconocerlo, no contábamos, pero sí tenía la obligación de hacerlo Sánchez y los suyos. El destacado aumento del respaldo electoral a la ultraderecha de Vox, en gran medida por el incendio de Cataluña.

Y así llegamos a la nueva convocatoria en la que no va a ocurrir nada, o casi nada, de lo que se preveía. Más de dos millones de electores, que acudieron a votar el 28 de abril, aseguran que se quedarán en casa como muestra de desacuerdo y censura con la nueva convocatoria. La mayoría de ellos, votantes progresistas, en los que hay que incluir una buena parte del PSOE.

Pero es que además, el paso del tiempo no ha favorecido el equilibro entre los dos bloques de izquierda y derecha y se van a las urnas con un empate técnico. La izquierda no suma y la derecha suma, con una subida importante de los populares, pero con Vox como gran protagonista ya que puede convertirse en la tercera fuerza parlamentaria del país. La ultraderecha ha hecho lo más difícil que es obtener representación en Parlamentos y en las instituciones. Y a partir de ahí el camino se antoja más fácil. Las urnas pueden auparla a un lugar impensable hace solo unos meses.

¿Qué ha ganado, pues, Pedro Sánchez en su empeño de repetir la consulta electoral? Pues destrozar a Ciudadanos, que se ha revelado como una fuerza inservible y con escaso respeto por las normas democráticas y las instituciones, y hacer daño a Unidas Podemos, al tiempo que se lo hace a él mismo. Ese es el balance de la decisión del presidente que puede volver a verse en la casilla de salida del 29A.

Y es que Pedro Sánchez se fía demasiado de los libros de historia. Y creyó que el dictador le ayudaría a ganar una batalla después de muerto, como El Cid. O, quizás creyó, como también dice algún libro de historia, que Franco hacía milagros. Pero no debe de ser cierto.



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