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Fuente Ovejuna en Portugalete

PUBLICADO O 11 DE DECEMBRO DE 2019 · (0)



PEPE CASTRO · PERIODISTA


Victoria de Castro es una señora de 94 años que vivió toda su vida en Portugalete alto en una casa que en muchas localidades forma parte del grupo de “casas baratas”. Allí estaba su vida, allí tenía su pasado con todos sus recuerdos, su presente y su futuro. En el mes de octubre Victoria fue a pasar unos días con una hermana y cuando regresó su casa estaba okupada por unos individuos con largo historial de okupas. Se apropiaron de los enseres que les servían y los demás los dejaron a la intemperie en una huerta contigua amontonados en bolsas de plástico. “No me dejaron ni coger ropa”, decía a los vecinos después de rogar a los okupas que le permitieran entrar en su casa.

Ella no sabe cuál es la diferencia entre allanamiento de morada y ocupación. Dijo la verdad a los agentes y su denuncia se tramitó como ocupación, lo que alarga los plazos del desalojo de los intrusos, y así fue. La juez titular de un juzgado de Portugalete fijó para el 20 de noviembre la resolución del caso, a pesar de que el alcalde le informó de que eran okupas profesionales de los que chantajean para salir de la vivienda y le pidió que “acelerara el trámite, que nos dejara entrar para intentar llegar a un acuerdo, que utilizara el procedimiento de apremio”. Fue inútil. 

Y fue entonces cuando unos 3.000 vecinos convocados “boca a boca” y por la red se concentraron delante de la casa de Victoria e intentaron sortear el muro de los 20 ertzainas para desalojar a los okupas que, al ver que iban a por ellos, pidieron protección a la misma policía y se fueron.

Estamos ante una reproducción casi exacta de “Fuente Ovejuna”, el drama de Lope de Vega, que se desarrolla entre los siglos XV y XVI y tiene como protagonista colectivo a los habitantes de este pueblo cordobés que se unen para vengar la violación de la joven Laurencia por el comendador Fernán Gómez. Aquel pueblo llano no pretendía cambiar el sistema de entonces, tan sólo quería justicia, y decide tomarla por su mano ante un acto de brutal feudalismo, y la autoridad real reconoció la justicia popular y avaló su acción. 

Los vecinos de Portugalete también escenifican la unión del pueblo contra el atropello que sufría su vecina Victoria y ante la lentitud de la juez, que no atendió sus razones, deciden actuar por su cuenta para proteger y amparar a la anciana, a la que arrebataron injustamente su casa. 

En marzo de 2017 comenté el caso de un emigrante que invirtió sus ahorros en una casa en A Coruña y, en su ausencia, fue okupada y destrozada por unos desalmados a los que tuvo que “indemnizar” para que se fueran. Preguntaba entonces por qué se tolera, y en algunas ciudades hasta se ampara, que unos delincuentes entren, ocupen, saqueen y destrocen una vivienda, y por qué el Congreso no legisla para poder desalojar a estos canallas en 24 horas. Seguramente sus señorías están ocupadas en otras cuestiones y dejan de ocuparse de esta, que es lo que realmente preocupa a los ciudadanos.

Portugalete escenifica la fuerza del pueblo soberano con el arma de la solidaridad vecinal que suple la poca diligencia del legislador y la lentitud de la justicia. No es políticamente correcto decirlo, pero ojalá cunda el ejemplo.



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