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“Cuiden la Transición...”

PUBLICADO O 28 DE XANEIRO DE 2020 · (0)



PEPE CASTRO · PERIODISTA


El destino, que a menudo es caprichoso, quiso que el historiador gallego Santos Juliá, “el mejor” en palabras de su colega Álvarez Junco, que murió el 23 de octubre no pudiera ver la exhumación y traslado de los restos de Franco del Valle de los Caídos al cementerio de El Pardo, que se produjo al día siguiente de su muerte.

Juliá fue un penetrante observador e investigador de la España contemporánea, un intelectual comprometido alejado de todo maniqueísmo, que deja estudios rigurosos que nos permiten conocer episodios como la República, la guerra civil y el franquismo, las víctimas de la contienda y la dictadura, y la recuperación de la democracia en la Transición.

Sería una temeridad intentar hacer aquí una reseña de la obra de Juliá, pero en el espacio de que dispongo quiero recordar dos piezas de su autoría, un artículo y un libro. El artículo titulado “Echar al olvido” (El País, 15.06.2002) fue publicado en el 25 aniversario de las primeras elecciones democráticas y es una síntesis excelente de los años posteriores a la muerte de Franco cuando el Gobierno de 1976 dio los primeros pasos para realizar la Transición de un régimen dictatorial a una democracia que recuperaba derechos y libertades.

En 1977 el Parlamento democrático pedía el ingreso ante la Comunidad Europea, se aprobaba la Ley de Amnistía y se estaba gestando el texto constitucional. “Fue un annus mirabilis en la historia política de España”, dice Juliá y aquellos diputados ni estuvieron paralizados por el miedo, ni olvidaron la historia, sino que, “por recordarla, decidieron no repetirla”, actitud que Juliá expresa con la voz del DRAE “echar al olvido”.

El libro “Transición. Historia de una política española (1937-2017)” estudia esa etapa de histórica y sostiene que la Transición “es una historia larga de lucha y pactos. Hay un aprendizaje que viene de atrás de cuando un socialista se sienta con un monárquico en los años 40, y más adelante un católico se sienta con un comunista o un franquista con un miembro de la oposición”.

Ese aprendizaje condujo a la Transición que hicieron posible aquellos políticos con sentido de Estado que optaron por la reconciliación y la concordia. Así nacieron los grandes pactos políticos, económicos y sociales que alumbraron los mejores años de prosperidad y progreso de la historia de España. La Transición no fue una revolución ni una continuación de lo que había, sino una transacción “en la que todos dejaron por el camino algo de lo que habían soñado”.

En la obra de Juliá y en la de otros historiadores está la verdadera “memoria histórica” que, en palabras del historiador, no necesita “una comisión de la verdad para elaborar un relato único indeseable”. Conocer sus estudios e investigaciones sobre el pasado reciente sosegaría mucho los ánimos en el presente tan crispado, evitaría escuchar muchas tonterías sobre lo que algunos llaman y desprecian “el régimen del 78”, y llevaría a pensar, prever y planificar mejor el futuro que es donde vamos a pasar lo que queda de nuestras vidas. Claro que, leer requiere esfuerzo y trabajo saber no ocupa lugar, pero sí ocupa tiempo y la lectura sosegada para aprender no es el deporte preferido´ni por los políticos y sus asesores, ni por muchos ciudadanos.

En la presentación de este libro, Juliá dejó un consejo para los españoles “Cuiden el legado de la Transición. Por muy diferentes políticas que se defiendan, pertenecemos todos a la misma comunidad”. Nada que añadir a lo dicho por este historiador eminente.



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