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Una lección de la crisis

PUBLICADO O 19 DE MARZO DE 2020 · (0)



PEPE CASTRO · PERIODISTA


Escribo el martes 17 de marzo, minutos después de la comparecencia del presidente del Gobierno en la que detalló las medidas económicas aprobadas en Consejo de Ministros para afrontar y resolver esta crisis. Son medidas de largo alcance que analizarán los economistas y validarán o no los sectores de actividad y personas afectadas por la pandemia económica. Por eso, en este comentario me limitaré tan sólo a exponer otras cavilaciones nacidas al hilo de los acontecimientos.

La primera es el desconcierto e indignación por las siete horas de tardanza del Gobierno para comunicar los acuerdos del Consejo de Ministros que los ciudadanos esperaban angustiados el sábado 14 de marzo. Se esperaba un “gobierno para la crisis” y ese día nos encontramos con un “gobierno en crisis”, dividido y enfrentado, que no sólo no genera confianza, imprescindible en esta situación, sino que pierde crédito a raudales. Además, el vicepresidente rompió la cuarentena que se exige a los ciudadanos. ¡Vaya ejemplo!

Para compensar, reconforta que el Gobierno asume el mando único para afrontar y resolver esta crisis. Cuenta con la colaboración de la oposición, cuyo primer partido expresó su apoyo al ejecutivo, y con la lealtad de las autonomías, salvo la catalana que antepone su ideología identitaria a la salud pública. No descarten que Torra y los suyos acaben culpando a la Constitución española de que el virus chino infecte Cataluña.

¿Cómo salir de esta crisis? El presidente del Gobierno apela en todas sus comparecencias a la colaboración de las fuerzas políticas a las que pedirá apoyo para aprobar unos “presupuestos de emergencia”. Pero seguro que él sabe que en política los “apoyos patrióticos” los cheques en blanco son raros y nunca se piden desde el atril de una rueda de prensa, en plan “abstente o apóyame, y después yo gobierno como y con quien me da la gana”.

Si quiere el apoyo de la oposición debe cautivarla, convocar a sus líderes, sentarse y discutir políticas y programas, hasta alcanzar amplios acuerdos para la gobernanza del país. Eso hicieron la socialdemocracia y los democristianos en Alemania negociando punto por punto durante seis meses y les fue bien, su gobierno de coalición resultó duradero.

Resolver la crisis sanitaria y su impacto brutal en la economía igual que el desafío catalán, el deterioro institucional y más problemas serios que tiene el país necesita de todos los partidos, y ahora es el momento de que el presidente Sánchez amplíe su campo de visión política y explore la coalición con los partidos constitucionalistas.

Sencillamente, porque sacar a España de esta crisis múltiple requiere gobernar. Es decir,  dirigir marcar el camino y decidir, tomar medidas a veces impopulares, siempre dentro de la ley, sin concesión alguna a la ilegalidad. Con el sentido de Estado que no le dan sus actuales socios de gobierno, ni los nacionalistas que ahora le apoyan, que dicen que “la gobernabilidad de España nos importa un comino”.

Gobernar con políticos que respetan la Constitución también es progresista, sería más  más confortable y una buena lección de esta crisis, sólo falta que el presidente quiera aprenderla. Su dilema es elegir entre ser un líder sólido acompañado de socios fiables o un títere manejado por populistas y nacionalistas que, después de esquilmarlo políticamente, le dejarán solo. That is the question!

Nota a pie de página: merece comentario aparte la señora Clara Ponsatí, huida de la Justicia. “De Madrid al cielo” escribió en su cuenta de Twitter y con su “sarcasmo” nacionalista agrede a los enfermos y se burla de los fallecidos en la capital. Es la expresión de su miseria y vileza humana.



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