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Política de ajustes a la vista

PUBLICADO O 29 DE MAIO DE 2020 · (0)



MARíA CADAVAL · PROFESORA DE ECONOMíA APLICADA DA USC


Dicen que esta vez no será como en 2008. Tanto el Banco de España como la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) han hecho sus deberes y, de paso, se los han puesto al gobierno. Si en un primer momento coinciden en que hay que gastar, gastar y gastar, también se han puesto de acuerdo en apuntar que, después, habrá que ajustar las cuentas públicas, con una nueva política fiscal y algún que otro recorte. Un plan que debiera ser pactado –apunta el regulador–, aunque esta opción no se revela consistente con la realidad política que vive el país, aunque así convenga porque el arreglo no será pasajero, sino que durará varias legislaturas en las que la alternancia política debe mantener el rumbo de la recuperación.

La perturbación se atisba más larga e intensa de lo que pintaban las estimaciones iniciales más optimistas. La caída del PIB no será inferior al 10 % y algunos sectores no habrán recuperado su actividad a finales de 2021, lo que augura daños persistentes que trascienden, con mucho, el tiempo de la incertidumbre originada por la pandemia. En la comunidad autónoma gallega no será muy diferente. Según el escenario más factible que contempla la estimación del Foro Económico de Galicia en su último informe, la caída del PIB estará entre un 9,5 % y un 12,4 % –si no hay rebrotes–, con sectores muy afectados como el turismo (hostelería, viajes, etc.), la industria artística, el comercio o el automóvil, con todas las empresas auxiliares y satélites que giran a su alrededor. Con esta mirada a corto puede parecer que el entramado económico-institucional de la comunidad sea frágil para afrontar tantos retos, pero no se debe perder de vista que juega con ventajas competitivas y comparativas que, si saben aprovecharse, traerán nuevas oportunidades.

A nivel institucional cabe reseñar que las cuentas públicas autonómicas gozan de buena salud, tras años de equilibrio y control del déficit, lo que le confiere mayor margen financiero del que tienen otras regiones y le permite actuar con cierta holgura, a sabiendas de que en los próximos años los ingresos de la Comunidad Autónoma sufrirán una severa reducción como consecuencia del ajuste automático de la liquidación definitiva del ejercicio 2020. A partir de ahora, la administración autonómica no podrá permitirse regar con un aspersor todas las actividades, sino que ha de dirigir el chorro de recursos hacia sectores concretos, con apuesta decidida en aquellos capaces de propiciar el cambio.

Desde el punto de vista empresarial, el panorama es poliédrico. Mientras los mercados trasnacionales se enfrentan al problema de la interrupción de las cadenas globales de valor, alteraciones regulatorias y el rebrote de las guerras comerciales, a nivel local hay margen para aprovechar el cambio de paradigma de la producción globalizada –hasta ahora imperante– hacia otra de proximidad, que pueda atraer y retener actividades relacionadas con el sector textil, manufacturero, conservero, forestal, metalúrgico, energético, etc. Al lado de esto, la actividad primaria reivindica su puesta en valor y se presenta como una palanca de crecimiento y recuperación pensada en clave industrial, no meramente extractiva, y de alto valor añadido, como el que aportan el sector químico o farmacéutico, al que contribuye el sistema universitario de Galicia. Si sumamos a esto la capacidad de generación de energía renovable que posee la comunidad, el recorrido de la I+D+i o la digitalización, esta crisis puede convertirse en un reto y una oportunidad. A la espera de la concreción de programas de estímulo y reconstrucción, Galicia tiene mimbres para salir reforzada, salvo que se empeñe en mantener el viejo sistema productivo.

Será importante para ello el acompañamiento nacional y europeo, con la limitación de que España arrastraba ya antes de la pandemia una situación de anémica productividad y elevado paro, que complican incluso el mantenimiento de los estímulos actuales. No bastará con un flotador europeo –por importante que sea– el gobierno central debe ir pensando en cuáles son los gastos superfluos de los que puede prescindir y qué impuestos va a subir para obtener recursos. Más allá de alguna propaganda populista que habla de reformas con recaudación milagrosa en el de Impuesto de Patrimonio, es sabido que son cuatro las figuras con potencial recaudatorio real: el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), el impuesto de sociedades (IS), el IVA y los impuestos especiales. De todos ellos, parece que los indirectos son los primeros candidatos a una subida, a la que seguirán correcciones en las bonificaciones y deducciones del IS e IRPF.

El ajuste inmediato es inevitable como también lo es el acierto en la dirección de la elección de la política económica. Un error de cálculo podría ser irreversible.



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