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¿Monarquía o república?

PUBLICADO O 30 DE DECEMBRO DE 2020 · (0)



PEPE CASTRO · PERIODISTA


Hace cinco años un periodista realizaba una encuesta callejera para un diario y preguntaba a los transeúntes: “¿monarquía o república?”. Un joven interpelado contestó sin titubear: “un puesto de trabajo en esta democracia de calidad”. El mensaje del joven desempleado fue claro: ese debate ni ocupaba entonces a los españoles que aún arrastraban las secuelas de la crisis de 2008, ni le interesaba a él. Su  preocupación era encontrar un empleo y mantener la calidad de la democracia, un bien a proteger frente a quienes revolvían las aguas institucionales para acabar con el “régimen del 78”.

Al hablar de ese régimen hay que recordar la figura del Rey Juan Carlos I que, con otros prohombres de la política, promovió, impulsó y logró el tránsito de la dictadura a la democracia. En palabras del historiador Juan Francisco Fuentes, “superada la intentona militar del 23-F y consumada la alternancia política tras el triunfo del PSOE en 1982, España entró en la etapa más larga de estabilidad política, prosperidad económica y reconocimiento internacional”.

El Rey siguió prestando servicios impagables fortaleciendo la democracia y la imagen de España y de las grandes empresas en el exterior en un reinado que tuvo muchos aciertos. Pero “su mayor error fue considerar que sus virtudes públicas prevalecerían siempre sobre sus vicios privados”, dice el profesor Fuentes. 

La cacería y accidente en Botswana en 2012 hundió su imagen y decepcionó a los españoles, entonces inmersos en una crisis espantosa. Después vino la abdicación y una serie de decisiones de la Casa Real en torno a su persona que culminaron con el alejamiento de España en el verano de 2020, “impuesto” por una insoportable presión política y mediática tras conocerse los relatos de una dama despechada y de un ex comisario encarcelado. Castigo desproporcionado para un servidor del Estado que no se aplica a otros responsables públicos, como tantos políticos corruptos. Sobre todo porque no está imputado, el Supremo rechazó medidas cautelares contra él y tiene la presunción de inocencia como todo ciudadano. 

Pero ya le ha condenado un frente de partidos. Unos para desviar la atención de sus miserias, como Podemos del caso Dina, y el independentismo catalán de las mordidas del 3 % de Convergencia durante cerca de 25 años. Otros para tapar su irresponsabilidad y el desastre de gestión de la pandemia. Y todos aprovechando la ocasión para atacar a la monarquía que encarna el Rey Felipe, que es con mucha diferencia el mejor servidor público que tiene España.

Su objetivo es derruir el sistema que los españoles nos dimos en 1978 que, a diferencia de las dos experiencias republicanas, aportó estabilidad, para instaurar una tercera república, modelo bolivariano o argentino, que traería a la nación más caos político y social. Por si no fuera suficiente la crisis sanitaria, económica, política, territorial y social, sumamos la institucional, de consecuencias imprevisibles. Pero los españoles somos así, siempre intentando autodestruirnos como dijo el canciller de hierro Otto von Bismarck en el siglo XIX.



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