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Más sombras que luces

PUBLICADO O 27 DE XANEIRO DE 2021 · (0)



MARíA CADAVAL · PROFESORA DE ECONOMíA APLICADA DA USC


El informe de coyuntura presentado por el Foro Económico de Galicia para el tercer trimestre de 2020 revela una contracción de la economía gallega en términos interanuales del -6,2 %, frente a la caída del -9 % estatal, ambas por encima de la media europea, que arroja un descenso del -4,2 %. El PIB de Galicia se verá prácticamente diezmado en el año de la pandemia, lo que supone un retroceso de 5.800 millones de euros con respecto al ejercicio año anterior, aunque mantiene un diferencial positivo de dos puntos sobre la caída media española.

Una importante contracción en la inversión, -9,2 %, en el gasto de las familias, -6,9 %, acompañada por una aportación negativa de la demanda interna, -5,4 puntos, y en menor medida también de la externa (8 décimas) completan el mapa de la cuenta. El peso relativo del sector agroalimentario, la menor proporción de PIB que aporta el turismo, la recuperación del sector de la automoción –que se volvió a situar por delante de la industria textil– explican este “no tan mal comportamiento” de la economía gallega. El comercio, el transporte y la hostelería son, junto con las actividades culturales, artísticas y recreativas, las que más están sufriendo con la pandemia. En paralelo se constata que el ajuste en el empleo ha afectado a los más vulnerables: jóvenes, asalariados con contratos temporales, trabajadores a tiempo parcial, mujeres y las personas con menor nivel educativo.

La ansiada recuperación no comenzará hasta bien entrado el 2021, tal y como recoge el Informe “Situación España” de BBVA research, que la describe como más lenta de lo inicialmente previsto, con un punto de inflexión después del verano que puede marcar el momento a partir del cual se acelere el ritmo de crecimiento económico. Con todo, ha rebajado la expectativa de crecimiento español hasta el 5,5 % este año –muy lejos de 9,8 % que se recoge en los Presupuestos Generales del Estado (PGE)– y reserva el mayor empuje para el 2022, con un 7 % de incremento del PIB. Este 7 % es uno de los escenarios que recogen los PGE para 2021, que define como escenario inercial en el supuesto de que no se ejecuten los fondos del programa de ayudas europeos Next Generation EU. El otro supuesto, mucho más optimista, sí recoge su efecto y sitúa el rebote de la economía española muy por encima de cualquier estimación de los principales organismos internacionales, un 9,8 %. Parece evidente que, además del exceso de optimismo infundado de los PGE en cualquiera de los escenarios, la recuperación económica tras la crisis producida por la pandemia dependerá de la eficiencia en la gestión de los citados fondos.

Resulta inquietante el halo de secretismo y oscurantismo que el gobierno central vierte sobre el destino de los Fondos y el papel residual que ha dejado a las CC. AA. Unas ayudas en forma de subvención y préstamos que no vendrán, en ningún caso, exentos de condicionalidad, lo que debe preparar a gobiernos, empresarios y sindicatos a posicionarse y estudiar minuciosamente las implicaciones de las 170 reformas que Calviño ha enviado a Bruselas.

La esperanza de la recuperación se sustenta, pues, sobre las reformas estructurales pendientes: pensiones, marco laboral, sistema fiscal, etc. y una disponibilidad de miles de millones de euros que hay que gastar para transformar la economía. Pero los antecedentes no son halagüeños a la vista de la ejecución del marco financiero 2014-2020, un período en el que España gastó algo más de 3.000 millones de euros anuales, frente a los 9.373 que tenía disponibles. No obstante, aunque esta cifra no es definitiva, pues según la normativa europea el gasto comprometido todavía puede gastarse hasta 2023, según la norma N+3, a fecha de cierre de esta publicación el porcentaje de «fondos decididos» alcanzaba el 80 % del total. Esto exige tener que ejecutar en los próximos tres ejercicios más del doble que en los seis años anteriores, de manera paralela y adicional a los nuevos fondos.

En Galicia la situación es parecida. Tiene ante sí la oportunidad de recibir una ingente cantidad de dinero europeo nunca antes visto: al nuevo marco financiero plurianual se sumarán los Fondos Next Generation y, además, los 1400 millones de euros pendientes de ejecutar del Fondo Europeo de Desarrollo Regional, el Fondo Social Europeo y el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo de la etapa anterior, que están “designados” pero no gastados. Un solapamiento de recursos que debe gastar en un corto período de tiempo y que supone un gran reto para una administración que, a menudo, se ha revelado obsoleta y necesitada de una reforma en profundidad que no solo la digitalice, sino que introduzca un cambio de cultura en el trabajo que haga de los mecanismos a disposición de los ciudadanos y las empresas una verdadera palanca de crecimiento. Ni la aprobación de la Ley de Simplificación Administrativa que promueve la Xunta ni tampoco la aprobación del Real Decreto-ley 36/2020, de 30 de diciembre, de medidas urgentes para la modernización de la Administración Pública y para la ejecución del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, del gobierno central garantizan por si solas la consecución de los objetivos. Hace falta acompañarlas de una voluntad real de cambio. Veremos.



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