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Más comisiones y menos bancos 

PUBLICADO O 24 DE FEBREIRO DE 2021 · (0)



MARíA CADAVAL · PROFESORA DE ECONOMíA APLICADA DA USC


Los distintos organismos nacionales e internacionales han rebajado la expectativa de la recuperación y el FMI, por ejemplo, ha enfriado las previsiones del Gobierno de España al anticipar para 2021 un rebote inferior al esperado. Tras el desplome de la economía, este ejercicio crecerá un 5,9 % según el organismo con sede en Washington, lejos del 7,2 % que recogen los Presupuestos Generales del Estado o del soñado 9,8 % en el mejor de los escenarios contemplados, es decir, si se consiguen ejecutar los 30.000 millones de euros que se aspira a recibir de los Fondos europeos. Lejos de esta ensoñación, el retraso en la posibilidad de alcanzar la inmunidad de grupo antes del verano aleja la recuperación económica y esto tensa la situación del tejido empresarial que se enfrenta no solo a los problemas iniciales de liquidez, sino también a los de solvencia que, en muchos casos, acabarán en quiebra.

El Banco de España estimó en diciembre que entre el 6 y el 10 % de las compañías serán inviables tras la crisis de la covid-19. Probablemente esa estimación sea optimista pues no contó entonces con el impacto de la tercera ola –ni posteriores– así como tampoco la irrupción de las nuevas cepas que pueden retrasar la vuelta a la “vieja normalidad”.

Empiezan a notarse las consecuencias de la larga duración de la crisis atajada con medidas de corto plazo. Un año después, ha habido caídas importantes en el rating de muchas empresas altamente endeudadas, asistimos a la quiebra de gigantes industriales en Asia, los “ángeles caídos” –bonos basura– se han triplicado desde marzo, crece la bola de impagados privados en medio de un mar de deuda pública que parece no tener fin y…, en definitiva, como ha advertido el organismo que preside Kristalina Georgieva, la salud del tejido empresarial global está a expensas de la evolución y la duración de la pandemia, que se está alargando más de lo esperado.

En este sentido, el pasado 13 de enero Mario Draghi –expresidente del BCE– señaló que el apoyo masivo a la liquidez está tapando la magnitud de los problemas empresariales creados por la pandemia y afirmó categóricamente que “estamos al borde del precipicio con las insolvencias, especialmente de las pymes… a medida que los programas de ayudas se agotan el patrimonio neto es engullido por las pérdidas”. También lo ha avisado el supervisor español cuando dijo que las políticas económicas aplicadas para proporcionar liquidez a las empresas “han sido eficaces en el corto plazo, pero ahora la presión está puesta sobre la solvencia”, en caso de que falle masivamente se trasladará, cual efecto dominó, al sistema bancario. En términos objetivos, si observamos la ratio de mora, parece que no hay razones para preocupación, pues cerró 2020 por debajo del 5 %, al igual que en 2019, pero este dato no es real, está dopado y los créditos dudosos comenzarán a crecer a medida que vayan venciendo las moratorias, para lo que se han dotado importantes provisiones. “Los riesgos de la estabilidad financiera se han mantenido por ahora bajo control”, pero nada asegura que esto vaya a seguir siendo así” escribieron en el blog del FMI Tobias Adrian y Fabio Natalucci, responsables del departamento de mercados monetarios y de capital. Para este organismo los bancos son una fuente de preocupación pese a que, de momento, la crisis sanitaria no haya mutado a financiera.

Por lo tanto, al impacto de la pandemia en las empresas hay que sumar el golpe intenso que va a acusar el sector financiero. En medio de un panorama de intereses negativos, economía colapsada, balances saturados de créditos de dudoso cobro, reserva de dividendos, una ROE (rentabilidad de recursos propios) negativa del -6,7 % y pérdidas contables superiores a -6.500 millones de euros, todo apunta a un proceso de “zombificación” financiera. Esto ha obligado al sector a replantear su negocio, a reducir costes e incrementar ingresos, que ha focalizado en un aumento de las comisiones, convertidas en la segunda fuente de ingresos bancarios, solo por detrás del margen de intereses. Las comisiones han pasado de tener un peso relativo del 18 % en el 2009 al 30 % en 2020, un salto cuantitativo y cualitativo importante, que ha venido para quedarse. El problema de rentabilidad de las entidades españolas es evidente, se ha manifestado con fuerza en la última década tras la caída del margen de intereses desde el 1,39 % de los activos al 0,85 %, a pesar de la reducción del número de entidades –de 45 que había en 2009 a menos de una decena en la actualidad–, lo que apunta a un nuevo movimiento de ficha.

La banca tiene ante sí un problema latente que pronto va a explotar, los zombis no tardarán en despertarse y la clave de fondo no estará solo en incrementar los ingresos y reducir los gastos, sino en buscar la supervivencia a través de una segunda oleada de fusiones, esta vez entre entidades nacionales y transnacionales. El nuevo modelo está abocado a un futuro con menos bancos y más comisiones.



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