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Preparemos UCIS para la economía

PUBLICADO O 24 DE FEBREIRO DE 2021 · (0)



ERNESTO S. POMBO · PERIODISTA


Seamos previsores y evitemos cometer los mismos errores. Ahora que aún nos queda tiempo, porque no sabemos dónde está el final del túnel, es el momento de comenzar a levantar unidades de cuidados intensivos para tratar nuestra economía. Con los últimos adelantos. Que los va a necesitar. Y pongámoslas en manos de los mejores especialistas; a ver si así somos capaces de sacar el país y su paisanaje adelante.

Porque por mucho que nos advirtieron que los daños iban a ser importantes, era difícil imaginar que llegásemos adonde estamos. Con el país hecho un páramo. La economía española lleva un año funcionando a brincos y a sobresaltos. Y los resultados comienzan a verse. Nunca, desde el inicio de la Guerra Civil, arrojó unos datos como los que acabamos de conocer. Los historiadores nos recuerdan que jamás se vivió una situación igual. Ni con las devaluaciones de la pesetas en 1992-1993; ni con la Gran Recesión en 2008; ni con la crisis del petróleo en 1973; ni con la Segunda Guerra Mundial en 1945; ni tan siquiera cuando la guerra de Cuba o Filipinas, en 1898.

En el 2020 que dejamos atrás, la economía española cayó un 11 %, el mayor desplome registrado en 85 años. La caída de la producción asciende a unos 130.000 millones, casi el equivalente a lo que cuestan las pensiones en un año. Y con esta situación, organismos como el FMI o el Banco de España precisan que se tardará al menos tres años en recuperar el tiempo perdido. España vuelve a padecer una recesión cuando todavía tenemos sin cicatrizar las heridas de la crisis financiera anterior.

Pero es que, además, la deuda pública, en gran medida por la necesidad de hacer frente a las medidas económicas de ayuda puestas en marcha por el Gobierno, ha crecido hasta el punto de superar el PIB, con 1,312.950 millones, a noviembre. Y para abundar en el hundimiento, la destrucción de empleo supera los 630.000 puestos el pasado año.

Pero hay otros datos que contribuyen a agravar el sombrío panorama que se nos avecina. El consumo de los hogares ha caído un 12%, el mayor desde que se iniciaron los registros. La demanda externa se retrotrajo 2,5 puntos respecto a la del 2019. La productividad por hora trabajada cayó el 0,6%. La remuneración de los salarios, el 5,1%. Y las horas trabajadas se han reducido un 10,4%.

Y por último y en términos de crecimiento económico solo dos actividades lograron cerrar 2020 con avances respecto al año anterior. Las financieras con un 2,9 % y los servicios públicos, sanidad y educación, con una subida del 1,4 %. Por el contrario, los mayores descensos se produjeron en el comercio, transporte y la hostelería, con caídas superiores al 24 %, lo que supone más del doble de lo que contrajo el PIB.

Esta nueva situación económica que se nos avecina origina también cambios en su estructura. Así, el peso del comercio, el transporte y la hostelería sobre el PIB cae a su mínimo histórico. La agricultura, la industria y también los servicios públicos ganan representatividad en la nueva composición económica.

Pero lo preocupante es que puede que estos datos, con ser dramáticos, no sean los reales. Porque, a la espera de las ayudas europeas por 140.000 millones de euros, una parte de la economía está sostenida artificialmente con la aplicación de los ERTE, con las numerosas ayudas otorgadas, con el aplazamiento del pago de impuestos y con el retraso en la presentación de acciones concursales, entre otras demoras. Y será a lo largo de este año 2021 cuando se pueda ver el impacto real de la pandemia, aunque ya se advierte que la recuperación será larga y dolorosa.

Aseguró la presidenta del Santander, Ana Patricia Botín, que gran parte del éxito de esa recuperación económica, que ya ha tomado forma de L, pasa por una campaña de vacunación eficiente y rápida. Lo corroboran otros estudiosos económicos y empresarios, según el barómetro de Deloitte.

Pero, de momento, la campaña que echó a andar con grandes dosis de optimismo y euforia, no está siendo lo que se aguardaba y eso también repercutirá en nuestro futuro.

De poco o nada parece haber servido que algunos de nuestros dirigentes apostasen por la salvar la economía en vez de por salvar vidas, con decisiones en muchas ocasiones incomprensibles. Es difícil imaginar un escenario peor que el que se nos está planteando. E imposible de saber lo que hubiera ocurrido de ser otra la apuesta.

Lo único cierto, a día de hoy, es que el panorama nos indica que la economía española ha entrado en coma. Por eso, para que no nos ocurra como nos está ocurriendo con la atención a los afectados por la covid-19, seamos previsores y preparemos las UCI para nuestra economía. Y muchas. Porque a no mucho tardar, las va a necesitar.



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