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Un Gobierno muy peculiar

PUBLICADO O 15 DE MARZO DE 2021 · (0)



ERNESTO S. POMBO · PERIODISTA


España no dispone de experiencia en gobiernos de coalición. Es tan cierto como que esta práctica precisa de un tiempo para asentarse. Resulta razonable que en los gobiernos de coalición se pongan de manifiesto las diferentes sensibilidades de sus miembros y de las formaciones políticas que los sustentan. Esto lo tenemos asumido; pero lo del Gobierno español, integrado por PSOE y Unidas Podemos, nos está resultando excesivamente difícil de digerir. Son tantos los asuntos que motivan la discordia que más que un Gobierno de coalición parece un Ejecutivo de intereses. Todo ello agravado porque de un tiempo a esta parte parece no existir interés por disimular las diferencias y los encontronazos se suceden a diario y en público.

Presupuestos, reforma laboral, ingreso mínimo vital, subida de impuestos, crisis migratoria, ley trans, ley Celáa, Sáhara, monarquía, reforma del Código Penal, pensiones, independentismo catalán, graves disturbios en Cataluña, fusión de Bankia y Caixabank, ley de vivienda, desahucios, rescate del turismo y la celebración del Día de la Mujer o el 8-M. O asuntos de mayor calado, como la calidad de la democracia en España; la comparación de Puigdemont, prófugo de la justicia, con los exiliados de la guerra civil y el franquismo, o el eterno debate de Monarquía o República. En realidad habría que preguntarse por los cometidos que los unen porque las diferencias se han sucedido casi desde el inicio, separando cada día más los caminos de las dos formaciones que gobiernan. A ello hay que añadir los encontronazos públicos de los líderes de la formación morada, especialmente con las ministras socialistas, que éstas no se molestan en disimular. Las discrepancias se iniciaron hace un año con las diferencias sobre la declaración del estado de alarma y no han dejado de sucederse.

Aquel “por la huida del rey emérito tuvimos una discusión fuerte y el presidente se disculpó”, de Pablo Iglesias, abrió la puerta a la publicación detallada de todas y cada una de las hostilidades, pese a que unos y otros –los unos más que los otros– intenten rebajar la intensidad hasta llegar a la petición de “rebajar los decibelios” hecha por el propio presidente en el Congreso, en clara alusión a las tarascadas de Echenique tras los alternados por el encarcelamiento de Pablo Hasél. Como era previsible, y siempre ocurre, las hostilidades fueron en aumento y tuvieron su escenificación en una de las últimas sesiones parlamentarias en la que los socialistas no aplaudieron la intervención de Iglesias en el pleno en respuesta a la falta de respaldo de Unidas Podemos a una iniciativa legislativa del PSOE.

Tomando como modelo otros países que también disponen de gobiernos de coalición –Portugal, Alemania, Francia, Suecia, Noruega o Austria– vemos como las disensiones se reducen a casos puntuales y no se alimentan con declaraciones innecesarias. Es difícil saber hasta dónde puede llegar la escalada de desencuentros. Como también lo es imaginar un Gobierno socialista con apoyos puntuales de PP y otras fuerzas; tarea por la que Pedro Sánchez no parece dispuesto, aunque sea una posibilidad barajada por Bruselas.

El actual Ejecutivo español es cuando menos, y siendo benévolo, muy peculiar. A este propósito, la vicepresidenta Carmen Calvo nos ha ilustrado al asegurar que “este es un Gobierno de dos partidos explícitamente diferentes”. Cuestión que desconocíamos. Porque, por lo que estamos viendo, creímos que se trataba de un Gobierno de amalgama unido por intereses. Un Gobierno de conveniencia.



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