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¿Cuándo vuelve la prima?

PUBLICADO O 15 DE SETEMBRO DE 2021 · (0)



MARíA CADAVAL · PROFESORA DE ECONOMíA APLICADA DA USC


Evidentemente estamos preguntando por la prima de riesgo, esa que había quedado olvidada en 2012 y que amaga con volver a ser la invitada indeseada en un futuro no muy lejano. De momento, este inicio de curso –académico, político y económico– se habla de recuperación. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, acaba de publicar las perspectivas de crecimiento para la economía española, que mejora –en línea con otros organismos de prospectiva nacional e internacional–. En el primer trimestre de 2021 el PIB del “club de los países ricos” apenas creció un 0,5 %, mientras que la economía española se erigió en la campeona del crecimiento. Este dato, que como titular de prensa es imbatible, hay que tomarlo con cautela. La primera es la que se deriva del índice compuesto de indicadores líderes (CLI) –que la OCDE utiliza como termómetro económico para detectar los cambios de tendencia en la coyuntura– que advierte de la presencia de síntomas de moderación, pese a que este año podría terminar con un avance del 6 % del PIB, si el tercer y cuarto trimestre se comportan según lo esperado.

Un crecimiento del 6 % sería motivo de fiesta en condiciones normales, si bien, en estas circunstancias se hace preciso alejar el foco y tomar perspectiva. La economía española sufrió la mayor caída de PIB de la eurozona en 2020, un 10,8 % frente al 6,3 % de media. Así, pues, el crecimiento esperado para este ejercicio supone “tan solo” una recuperación a medio camino de todo lo perdido, por lo que queda todavía un largo trecho de crecimiento hasta llegar a los niveles de 2019 que, recordemos, preocupaban por mostrar una desaceleración importante.

Conviene, por tanto, dejar a un lado los discursos triunfalistas y poner luz sobre el complejo horizonte real en el que se mueve la economía española. Si volvemos al informe de verano de la OCDE, se constata otro dato preocupante, las familias españolas perdieron el 5,4 % de sus ingresos desde el inicio de la pandemia. España es el segundo país con mayor caída de los ingresos familiares, solo después de Austria, con un impacto significativo entre las capas más desfavorecidas. Tras ellos, a gran distancia, están Reino Unido (1,8 %), Italia (0,7 %), Alemania, Finlandia o Portugal (0,4 %). En los demás países del “club de los ricos” la renta familiar subió un 8 %, un dato distorsionado por el mayor crecimiento que presentaron los Estados Unidos que, Plan Biden mediante, elevó la renta familiar en un 16,4 %.

De momento, y sin ánimo de ser pesimistas, la realidad es que España va a cerrar 2021 con un retroceso del 5 % con respecto al año prepandémico, el doble que el conjunto de sus socios europeos, solo por detrás de Grecia; los ingresos familiares descendieron, con especial impacto en los más desfavorecidos; el desempleo no puede fiarse al espejismo de agosto; la inflación se ha disparado; las empresas zombis empiezan a morirse de verdad y la deuda pública  supera el 120% del PIB –cada uno de los españoles, sean ancianos, bebés, activos, inactivos, etc., debe alrededor de 30.000 euros por este concepto–.

La (necesaria) suspensión de las reglas fiscales hizo que el equilibrio de las cuentas públicas pasase a un segundo plano en favor de las políticas fiscales expansivas. La reacción inmediata a nivel europeo fue impecable –opuesta a la que sucedió a la crisis financiera– y el colchón que dispuso el gobierno central permitió amortiguar el gran golpe que sufrió la economía española. Las inyecciones de liquidez inmediata sirvieron para mantener engrasada la maquinaria empresarial y la activación de los ERTE ayudaron a muchas familias a sobrevivir. ¿Y ahora qué? Pues ahora viene lo más complicado, la fase de aceleración, que hay que mantener, como lo hace la campeona olímpica gallega de triple salto Ana Peleteiro cuando se enfrenta a su impulso más difícil, hasta el final, sin cantar victoria antes de tiempo y solo celebrándolo cuando logra la medalla.

Ahora toca afanarse en esa aceleración, acertar y gastar los Fondos Europeos de una manera inteligente porque, como no se haga así, tenemos todos los elementos para la preocupación y para que en 2023 vuelvan a materializarse fuertes medidas de ajuste, en las que ya deben ir pensando las comunidades autónomas, habida cuenta de la liquidación definitiva de su sistema de financiación. La suspensión de las reglas fiscales no durará ad infinitum, la ortodoxia financiera volverá y si para entonces no estuvieran hechas las reformas estructurales que faciliten la recuperación real volverá también la odiosa prima y… en ese supuesto, ¿se imaginan a cuánto puede ascender la factura derivada de la deuda pública? Pues eso.



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