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Ante la llegada del AVE

PUBLICADO O 20 DE OUTUBRO DE 2021 · (0)



PEPE CASTRO · PERIODISTA


Los 1.700 millones concedidos por el Gobierno a Cataluña para ampliar el aeropuerto del Prat representaron un problema para el Govern, en lugar de una solución, por la oposición de sus socios. Políticos y colectivos relacionados rechazaron en primera instancia esa inversión alegando daños medioambientales en el delta del Llobregat.

El planteamiento de AENA es un modelo depredador e insostenible, dice la alcaldesa Colau, que invita a una movilidad sostenible y a sustituir los vuelos de corta distancia por los trenes de alta velocidad para reducir las emisiones. Escribo este comentario a mediados de septiembre y, pese a la aparente ruptura, no descarto que acaben limando sus diferencias y “encajando” como sea esa lluvia de millones, porque el dinero une mucho al independentismo.  

El lío del Prat me lleva a escribir sobre las posibilidades de entendimiento en Galicia para la coordinación de los tres aeropuertos ante dos amenazas que pesan sobre ellos. La primera, la tendencia a sustituir los vuelos de corta distancia por los trenes de alta velocidad para reducir las emisiones contaminantes, en línea con lo que decía Colau. Eso es lo que permite la llegada, parece que próxima, del AVE –segunda amenaza–, que puede tener efectos demoledores en las tres terminales gallegas, muy dependientes del tráfico con Madrid, como tuvo el tren de alta velocidad en Sevilla, Málaga, Alicante y en el Puente Aéreo Madrid-Barcelona.

Hace unos meses, la Xunta urgía al Gobierno central un plan de coordinación de los  aeropuertos y el AVE buscando alternativas que garanticen su viabilidad ante ese nuevo escenario. Un estudio encargado por Turismo de Galicia a una auditora anticipaba hace unos años que Lavacolla perderá un 33 % de su pasaje, Peinador un 42 % y Alvedro un 47 %. Ese trabajo data de 2013 y es lamentable que, teniendo Galicia tres universidades, ninguna esté estudiando ahora el impacto del AVE en su tráfico aéreo.

Es curioso que sea César Trapote, profesor de la Politécnica de Cataluña, quien esté coordinando un trabajo sobre las posibilidades de supervivencia de los tres aeropuertos gallegos tras la llegada del AVE y avanza un dato demoledor, extrapolable a Galicia: “La ruta aérea Madrid-Barcelona era la más consolidada y rentable, y el AVE acaparó el 60 % de la cuota de mercado”. Trapote y su equipo investigador estiman que para viajes de 800 kilómetros el tren rápido es una alternativa de transporte más atractiva que el avión.

Galicia debería estar ahora centrada en ese problema que, si los plazos del AVE se cumplen, será real a final de año, buscando sinergias operativascomplementariedades y especialización de los tres aeródromos. Primero, para garantizar su existencia y operatividad ante la competencia imbatible del AVE y, en segundo lugar, para optimizar las ventajas que implica para una comunidad periférica disponer de tres terminales.

Lavacolla, Alvedro y Peinador prestarán un buen servicio si enlazan Galicia con destinos atractivos del exterior, si conectan las empresas con centros de negocios del mercado global y si traen turismo que genere retorno económico al país.

Claro que para cumplir esas funciones es necesaria su coordinación que nunca fue posible por la “pandemia localista” que asola Galicia desde hace años y ahora amenaza con cerrar las tres terminales. En beneficio del aeropuerto de Oporto que tiene una estrategia bien definida.



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