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La revuelta irmandiÑa



PUBLICADO O 18 DE OUTUBRO DE 2010 · (0)




Retrotrayéndonos en el tiempo nos encontramos que con la unión dinástica entre los reinos de León y Castilla en 1230, Galicia se convirtió en una posesión dependiente de la Corona de Castilla, una posesión en la cual el gran peso rural en la estructura económica y la influencia nobiliaria, tanto laica como eclesiástica, hizo que se constituyera en una importante parte de la Corona.

El gran poder que tanto el clero como la nobleza adquirieron en tierras gallegas supuso una gran molestia para la misma, ya que los nobles (los Osorio en Monforte de Lemos y Sarria, los Andrade en Pontedeume, los Moscoso en Vimianzo, o bien los Sarmiento, los Ulloa, o los Sotomayor, entre otros) cometían incontables abusos que iban desde el patrocinio del bandolerismo señorial hasta el incremento desorbitado de la presión fiscal. Obviamente, el campesinado fueron los que peor parados salieron de estos atropellos y, por tanto, protagonizó diversas revueltas contra los nobles, de entre las cuales se deben destacar dos: la Irmandade Fusquenlla, en contra sobre todo de los señores episcopales, y la Grande guerra Irmandiña.

En cuanto a la primera de ellas, La Irmandade Fusquenlla, se constituyó en el año 1431, en las tierras del señor de Andrade, debido a la extrema dureza con la que Nuno Freire de Andrade, o Malo, trataba sus vasallos. La revuelta se inició en las comarcas de Pontedeume y Betanzos, y se expandió por los obispados de Lugo y Mondoñedo, e incluso el arzobispado de Santiago de Compostela. Roi Xordo, un hidalgo de baja estirpe de A Coruña, dirigió las tropas de esta Irmandade, pereciendo en la represión posterior a la derrota irmandiña, en 1435.

GRAN GUERRA IRMANDIÑA

Por lo que se refiere a la Grande Guerra Irmandiña, tuvo lugar entre 1467 y 1469, siendo en este caso una auténtica guerra civil por la participación social que tuvo, contando los irmandiños, según fuentes fidedignas, con 80.000 efectivos. Los líderes del movimiento pertenecían a la baja nobleza (hidalgos), actuando al mando de las tropas Pedro Osorio en el centro de Galicia, Alonso Lanzós en el norte, y Diego de Lemos encabezó las acciones irmandiñas en el sur de las provincias de Lugo y norte de Ourense, debiendo destacarse que el auge de este movimiento fue posible por lo que el estudioso Carlos Barros denominó “mentalidad justiciera y antiseñorial” de la sociedad gallega bajomedieval, que rechazaba las injusticias cometidas por los señores, considerados popularmente como unos malhechores.

¿Contra quienes lucharon? Sus enemigos fueron fundamentalmente nobles laicos, dueños de castillos y fortalezas —de unos y otras fueron destruidos 150—, y encomenderos de las principales iglesias y monasterios, no atacando a los eclesiásticos. En un primer momento, parte de la nobleza huyó a Portugal o Castilla, hasta que en 1469, las tropas feudales al mando de Pedro Madruga, que contaban con una importante maquinaria de guerra, vencieron a los irmandiños, arrestando y matando a sus capitanes.

El éxito de la victoria se debió al apoyo de los reyes de Castilla y Portugal, y a la división de las fuerzas rebeldes.



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