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“En el año 2030 el español será la segunda lengua de intercambio comercial, por encima del inglés”



TERESA ROCAMONDE - FOTOS: MIGUEL MUñIZ · PUBLICADO O 11 DE AGOSTO DE 2016 · (0)




El 8 de enero de 2015 se convirtió en el trigésimo director de la Real Academia Española (RAE), una institución fundada en 1713 con el fin de elaborar un diccionario que mejorase el conocimiento de nuestra lengua. Por ello asegura Darío Villanueva (Vilalba, 1950) que este cargo es “un privilegio indudable” pero “implica también muchos desafíos”. Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Santiago, de la que fue rector entre 1994 y 2002, es un amante del cine y de Santiago, ciudad que nunca ha abandonado y donde nos cita para hablar, entre otras cosas, de lengua y literatura.

Lleva año y medio al frente de una institución con más de 300 años de historia. Aunque ya había desarrollado cargos de importancia anteriormente ¿pesa la responsabilidad?

Es cierto que ya conocía bien el funcionamiento pero en este caso la responsabilidad es múltiple, porque a la dirección de la corporación propiamente dicha, que puede parecer el cometido principal, hay que añadir la presidencia de la Asociación de Academias de la Lengua Española, que en este momento reúne a 23, y una responsabilidad que para mí es esencial: la Academia tiene una plantilla de 70 personas –además de los 46 académicos, que solo reciben retribución por dietas–, pero esos profesionales muy cualificados –informáticos, lexicógrafos, lingüistas, etc.–, le dan a la Academia una dimensión de pequeña o mediana empresa que hay que atender en un momento de crisis que a nosotros nos ha afectado por múltiples frentes.

Crisis económica y era digital han sido los dos caballos de batalla que han tenido que afrontar prácticamente todas las organizaciones y también la RAE. ¿Cuál está siendo más complicada?

Todas. Nosotros tenemos una aportación del Estado que, cuando las cosas iban bien, era casi el 50 % del presupuesto y que en los últimos años se ha reducido en un 60 %. Los ingresos por la venta de nuestras obras –diccionarios, gramáticas, ortografías, etc.–, han descendido también de una manera significativa, y la tercera fuente de financiación, que es la Fundación pro-RAE que preside Su Majestad el Rey –aunque ejecutivamente quien lleva la presidencia es el Gobernador del Banco de España–, tiene un capital cuyo rendimiento financiero se aporta anualmente a la Academia. Y los rendimientos financieros también están bajo mínimos. Por eso esa tercera responsabilidad que mencionaba antes es muy gravosa, teniendo en cuenta que yo no soy un empresario, soy fundamentalmente un filólogo y un hombre del mundo intelectual, aunque he tenido experiencias de gestión, puesto que he sido rector ocho años de una universidad grande, la de Santiago, y no me coge completamente de nuevas todo esto.

Usted siempre se ha mostrado optimista frente a las supuestas “amenazas” de la era digital y la RAE ha realizado un gran esfuerzo por adaptarse a las nuevas tecnologías. ¿Es una buena herramienta de formación y divulgación o un arma de doble filo?

Es un cambio al que nadie se puede sustraer. La pregunta no es si está o no a favor; simplemente estoy, y como estoy, tengo que hacer lo que esté en mi mano para que la Academia sobreviva adaptándose a la nueva sociedad digital. En sus 300 años de historia la Academia ha pasado por avatares muy diversos y circunstancias políticas, sociales y económicas también muy distintas; pero quizás nunca ha habido una revolución tan importante en estos tres siglos como la que estamos viviendo, la de la sociedad de la información y la sociedad digital. Por tanto nuestra obligación es estar en ella. Nuestro diccionario en línea es uno de nuestros grandes éxitos; en mayo tuvimos 73,3 millones de consultas, lo que indica que nunca antes el Diccionario de la Academia española tuvo tanta influencia, pero es cierto que esa vigésimo tercera edición, la que está colgada en la red de manera gratuita, se publicó en la forma de libro en octubre de 2014 y las ventas fueron muy inferiores a las de la edición anterior. Eso lo compensamos con patrocinios y buscando recursos porque, evidentemente, producir un diccionario cuesta y tenemos una plantilla, así que la Academia tiene que “buscarse la vida”. 

¿Dejaremos de usar el viejo diccionario?

Eso nos lleva al debate de la muerte del libro. Yo no soy de los apocalípticos, no creo que el libro vaya a desaparecer, creo que es un instrumento de información verdaderamente insustituible. Lo que pasa es que va a convivir con otros soportes, como son teléfonos móviles, tabletas, computadoras… y los que vendrán, porque esto evoluciona a una rapidez extraordinaria. Por eso nuestra idea es seguir publicando el diccionario en forma de libro pero con un cambio de orden: el que ahora estamos preparando, que va a ser la vigésimo cuarta edición, no va a ser, como los anteriores, un diccionario concebido como libro que luego se digitalizó sino que va a ser al revés: un diccionario digital del que luego haremos ediciones.

Últimamente se habla mucho de lo mal que se escribe y, sin embargo, hay más de 73 millones de consultas mensuales al diccionario ¿No dice eso mucho del interés y la preocupación que existe por la lengua?

Yo creo que sí, e incluso se consulta en situaciones que nunca antes se hubiera hecho, como en una cena con amigos… De repente surge una duda y la gente la resuelve a través de una consulta en el teléfono con una rapidez y una inmediatez que nunca antes se tuvo. Es muy difícil generalizar y yo no me atrevo a decir si hoy se desprecia o se aprecia más la lengua que antes. Me limito a datos como los que acabo de dar. 

Con 500 millones de hispanohablantes y un mercado lusófono de 250 millones, el potencial de los gallegos en el ámbito económico y empresarial debería ser inmenso…

Sin duda alguna. Anteayer estuve con la secretaria general iberoamericana, Rebeca Grynspan, y hablamos de eso. Pero es más: la Insead Business School, de la Universidad Autónoma de Madrid, prevé que en el año 2030 el español será la segunda lengua de intercambio comercial, después del chino y por encima del inglés. La dimensión económica de la lengua es algo que está teniendo gran atención en los últimos años e incluso hay varias investigaciones sobre el puro valor económico del idioma, como la que está desarrollando el economista José Luis García Delgado para la Fundación del BBVA, que llegan a establecer que es un 15 % del PIB español. 

(Extracto de la entrevista completa, que se podrá leer en el número de septiembre de eco)



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