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Queremos saber, el eslogan de nuestras vidas

PUBLICADO O 23 DE MAIO DE 2025 · (0)



ERNESTO S. POMBO · PERIODISTA


Según un sondeo demoscópico flash realizado por el CIS horas después del apagón eléctrico del 28 de abril, casi el 60 % de los españoles considera que el Gobierno de España no dio suficiente información durante el día del suceso. No son muchos, dado como discurrió la jornada. Llama la atención que incluso un tercio de los votantes del PSOE y Sumar sostengan esta opinión. Claro que el 85,2 % de los que apoyan al PP y el 94,8 % de los del facherío ven insuficientes las explicaciones dadas.

Y es que fueron escasas y nada clarificadoras. La primera comparecencia del presidente del Gobierno se produjo cinco horas después del incidente, con toda la población a oscuras. Pero lo peor es que se contradijeron todos los manuales de comunicación en tiempos de crisis que dicen que hay que abordar el problema lo antes posible, explicando sus causas y sus posibles soluciones.

Lo de las causas es una incógnita que, según dicen, tardarán semanas o meses en conocerse. Pero es que lo único que Pedro Sánchez dijo de ellas es que estaban todas abiertas. También la de un ciberataque. Sin más. Lo que dio pie a todo tipo de teorías. Tampoco aclaró cómo se atajaría el problema, asegurando, eso sí, que se trabajaba en solucionarlo. El presidente volvió a comparecer a las once de la noche, para no añadir nada a lo que había dicho.

La falta de explicaciones es un mal endémico en este país. Deberíamos de convertirlo en el eslogan de nuestras vidas. Ningún acontecimiento extraordinario, por muy sorprendente que sea, y mucho menos si tiene tintes catastróficos, va seguido de las pertinentes aclaraciones que requiere la sociedad. No depende de la formación que en cada momento dirija la institución. La ausencia de aclaraciones es una norma general en el proceder de los responsables políticos. Cuando no nos ofrecen unas argumentaciones carentes de razón y creadas ad hoc para cada situación. Y para salvar su gestión.

Los gallegos estuvimos años pidiendo saber qué y por qué ocurrió la catástrofe del Prestige. Y quienes eran sus responsables. Pero los dirigentes de la Xunta estaban de cacería o descansando y cuando quisieron aclarar lo ocurrido ya habían transcurrido meses. Incluso cuando el entonces presidente de Gobierno, José María Aznar, viajó a Galicia para anunciar el tan fracasado, por incumplido, Plan Galicia, obvió hacer comentario alguno al respecto, centrándose en las tareas de recuperación de las zonas afectadas por el chapapote.

Que es lo mismo que está ocurriendo con la dana del 29 de octubre de Valencia. Que dejó un trágico rastro de 228 muertos y miles de millones de pérdidas económicas por destrozos. Seis meses después se sigue obviando, por parte de los responsables de la Generalitat valenciana y los del partido político que los sustentan, dar explicaciones. Por no saber, no sabemos dónde se encontraba en las horas centrales de la dana el presidente Carlos Mazón cuando, por los autos judiciales, queda demostrado que, de haber actuado en ese periodo de tiempo, el número de víctimas se habría reducido sensiblemente.

La ausencia de explicaciones de la catástrofe valenciana es uno de los episodios más vergonzosos. El PP arropa a Mazón que ha optado por no intervenir prácticamente en actos públicos ante la avalancha de protestas que tratan de reventárselos. Núñez Feijóo mantiene un tibio apoyo al president. Otros líderes y barones autonómicos ya se lo retiraron. Pero los valencianos y el país siguen sin conocer lo ocurrido.

Y como en estos casos, en otros muchos. En los atentados del 11-M las explicaciones llegaron tarde y tergiversadas. El hecho de que miembros del Gobierno comparecieran en varias ocasiones, en las primeras horas de la tragedia, no impidió que se diesen argumentaciones interesadas, marcadas por intereses políticos, que situaron a los autores en la banda terrorista ETA, cuando medio mundo hablaba del terrorismo yihadista. Pagaron un alto precio. La pérdida de las elecciones.

Lo mismo aconteció con el accidente del Metro de Valencia, donde perdieron la vida 43 personas. En el accidente ferroviario de Angrois, que dejó 80 muertos y 145 heridos, el entonces presidente gallego, Núñez Feijóo, compareció a la mañana siguiente. No mucho más ágiles estuvieron en Cataluña con el atentado yihadista que dejó una veintena de víctimas.

Caso aparte es el de la pandemia por el covid-19. Las explicaciones llegaron con el anuncio de confinamiento el 14 de marzo de 2021. Se sabe ahora que los ministros Margarita Robles y José Luis Ábalos, además de la de Industria, Reyes Maroto, el independiente José Luis Escrivá, de Seguridad Social y los de Unidas Podemos, se adelantaron cuatro días a sus compañeros de gabinete para pedir el confinamiento ciudadano. Que ya llegaba con retraso respecto a otros países europeos. Sirva como ejemplo que Italia decretó el encierro quince días antes.

Tenemos una asignatura pendiente. La de explicar en tiempo y forma las causas y la posible solución de los acontecimientos extraordinarios que ocurren en el país. De forma especial de aquellos que nos dejan un balance dramático. Ya dijimos que es el ‘abc’ de la comunicación en tiempo de crisis. Aunque puede que entiendan que estos hechos no llevan aparejada una crisis.



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